La reciente controversia en torno a los carteles que denigran la figura de San Ignacio durante el Carnaval de Azpeitia ha generado un intenso debate, especialmente tras la denuncia pública del PNV. La cuadrilla galardonada en el concurso de disfraces hizo uso de frases provocativas que han incomodado a muchos en la comunidad.
A través de un comunicado en euskera, una versión satírica de San Ignacio se dirigió a sus «compañeros jeltzales» para criticar la reacción del partido ante la situación. En este mensaje, se indica que el enfado no proviene del uso de la imagen religiosa, sino más bien de la «torpeza» de quienes denuncian la parodia. Se acusa a los miembros del PNV de emplear la figura del santo para mantener su control político.
Desde la emblemática basílica de Loiola, San Ignacio se presenta como un personaje indignado, argumentando que la crítica hacia la actuación de la cuadrilla galardonada es un reflejo de la «censura» que él mismo ha sufrido. En sus palabras, se plantea que el pueblo ha recompensado a su «otro yo» festivo, lo que revela un rechazo hacia la seriedad impuesta por algunos sectores de la política.
«El pueblo ha optado por premiar la creatividad sobre el poder establecido», se expresa en la misiva. La crítica a la acción del ayuntamiento por haber otorgado el premio a la actuación se interpreta como un signo de debilidad, sugiriendo que el intento de regular los carnavales solo muestra el lado menos favorable del partido.
En una ironía claramente marcada, el texto sugiere que el PNV debería también participar en el concurso de disfraces el próximo año, sugiriendo que se disfracen como la «Inquisición Jeltzale». Esto, según el comunicado, podría darles la oportunidad de ser ellos mismos el objeto de burla, en lugar de que otros lo hagan. Se recalca la necesidad de una fiesta popular que no esté supeditada a un control político estricto.
El mensaje final del escrito aboga por el respeto a la libertad de expresión durante las festividades. «No utilicéis mi imagen para justificar el control. Prefiero ver a una cuadrilla de Azpeitia celebrando con disfraces sencillos que a los jeltzales intentando blanquear su deseo de poder», concluye la nota, reflejando un deseo de autenticidad dentro del contexto de las celebraciones.
La polémica surge tras la crítica del PNV sobre el uso de la imagen de San Ignacio durante el Carnaval, considerando que algunas expresiones resultan ofensivas y perjudiciales para la comunidad. Aunque defienden el Carnaval como un espacio de libertad, argumentan que se ha cruzado la línea hacia la humillación. Desde el partido, se pide un enfoque más inclusivo que evite insultos y ofensas en futuras celebraciones.
Este episodio no solo pone de manifiesto las tensiones entre el discurso político y la cultura popular, sino que también invita a reflexionar sobre cómo se representan figuras históricas y religiosas en espacios de celebración. La respuesta del «otro yo» de San Ignacio podría abrir un nuevo camino hacia una mayor creatividad en la forma en que se celebran las tradiciones, ofreciendo una vía para que la comunidad exprese su identidad de manera más auténtica.






























































































