Legazpi se destaca como uno de los núcleos más fervorosos en el seguimiento de la Real Sociedad en Gipuzkoa. El nivel de afiliación al club entre sus habitantes es notablemente alto, y antes de que se modificara el sistema de venta de entradas, se organizaban hasta seis autobuses cada jornada hacia Anoeta. En esta localidad, se han formado tres peñas dedicadas a la Real, y ninguna otra entidad deportiva cuenta con un grupo tan consolidado. Para los legazpiarras, ser parte de la comunidad significa ser parte de la Real. En una conversación con miembros de la peña Gautxori Txuriurdinak, se destaca que desde pequeños los niños de Legazpi parecen nacer con un carné del club en la mano, además de un bocadillo para disfrutar en el descanso del partido.
La peña Gautxori Txuriurdinak, establecida en 2011, honra la memoria del entrenador galés John Benjamin Toshack con otra peña específica, al igual que a Tayfun Korkut mediante la Peña Hegialde Tayfun. Desde su creación, Gautxori Txuriurdinak ha llevado a sus miembros a diversas ciudades, incluyendo Manchester, Lyon, y Sevilla, además de coordinar anualmente una excursión a una sidrería junto a la peña Musti Taldea, que proviene de Urretxu y Zumarraga.
La sede de la peña se encuentra en el bar Laubide, situado en el barrio Hegialde, donde se han reunido activamente varios socios. Arantxa Ibarreta, Axun Alkorta, Luisa López, Maitane Romero y Mikel Santos comparten una profunda conexión con el club. Ibarreta, con dos décadas de afiliación, ha visto a sus hijos y nietas seguir sus pasos. Alkorta lleva 15 años como socia, mientras que López ostenta su carné desde hace 25 años. Santos lo ha sido durante 30 años en dos etapas distintas y Romero, quien regresó tras un tiempo alejada, logró su plaza gracias a una baja.
Santos recuerda que se unió al club cuando se inauguró Anoeta, siendo solo un niño. «Mi primer partido fue Euskadi-Bolivia, y desde entonces, mis primos me llevaron a los partidos», relata. La pasión por el equipo la ha transmitido a su hijo Hegoi, quien ya es socio. Aunque había planes para que Hegoi viajara a Sevilla, su madre mostró preocupación por su seguridad.
Alkorta y Romero también tienen previsto acudir a la final en Sevilla. Alkorta, sin embargo, ha decidido ceder su entrada a su sobrino como regalo. «Mi sobrino Amador Granados disfrutará del partido, mientras yo lo seguiré en una fan zone», comenta. Por su parte, López también ha optado por ceder su entrada a un amigo de su nieta, mostrando así la solidaridad entre los aficionados.
Santos y Romero se alojarán en la casa de un tío de ella, quien reside en Sevilla. «Mi tío, Pablo Romero, es legazpiarra y se enamoró de una sevillana. Nos ofreció su hogar a cambio de una entrada para la final», revela Romero. Esta anécdota resalta la unión entre las familias de Legazpi que comparten la pasión por el club.
El tema de la cesión de entradas ha generado debates entre los socios, ya que aunque ha habido descontento por la falta de entradas, era igualmente importante que los socios veteranos pudieran compartir su pasión con sus seres queridos. Ibarreta, por ejemplo, decidió ceder su entrada a un amigo de su nieta, enfatizando el valor de los lazos familiares.
La Real Sociedad no es solo un club de fútbol; es una gran familia, donde cada miembro tiene historias entrañables relacionadas con su pasión por el equipo. Alkorta recuerda cómo, antes de hacerse socia, solía ver los partidos en el bar Laubide, donde su esposo, aunque enfermo, siempre le animaba a disfrutar de los encuentros. Desde entonces, no ha dejado de ir al bar, donde el ambiente es festivo y la música de los aficionados resuena con fuerza.
La conexión entre los aficionados es palpable, y muchos han compartido momentos a lo largo de los años. Durante años, López ha facilitado su carné a otros, y su vínculo con el club ha crecido aún más desde que su hijo contrató un servicio de streaming para ver los partidos. Esta comunidad sigue unida, no solo por su amor al fútbol, sino también por las experiencias compartidas que van más allá de las fronteras del campo.
Para los legazpiarras, ser aficionados de la Real Sociedad es una tradición que se hereda, y en cada esquina se respira ese fervor que une no solo a los socios, sino a toda una comunidad que se siente representada en cada partido. Esta conexión se refuerza en momentos de celebración y en las dificultades, creando un espíritu que trasciende el deporte y se convierte en parte de la identidad local.






























































































