En la reciente final de la Copa del Rey, uno de los relatos que ha resonado en los corazones de los aficionados es el de Iñigo, un padre que decidió ceder su entrada a su hija. Esta emotiva decisión tuvo lugar en el estadio sevillano de La Cartuja, donde Iñigo se quedó fuera, permitiendo que su hija disfrutara del partido junto a su madre en las gradas.
Al ser entrevistado por un periodista de El Chiringuito, Iñigo comentó: “Bueno, al final me he quedado fuera”, añadiendo que a pesar de haber tenido acceso al campo decidió que su hija, que asistía sin entrada, debería aprovechar la oportunidad. Recordó su propia experiencia en una final, señalando que “ya lo viví en Zaragoza hace 38 años”.
Con el móvil casi sin batería, Iñigo siguió el transcurso del partido a través de las reacciones del público. Su esposa, ferviente seguidora de la Real Sociedad, se asomaba desde la terraza para comunicarse con él y compartir la emoción del encuentro.
En un momento del partido, su esposa le alentó a volver a su asiento, diciéndole que la Real estaba en ataque: “¡Corre, corre!”. Sin embargo, no fue el gol de la Real lo que escuchó, sino el empate a 2 conseguido por Julián Álvarez, lo que provocó una reacción frustrada de Iñigo.
La intensidad del partido continuó, y cuando finalmente se produjo el gol de Pablo Marín, el estallido de júbilo entre los aficionados se hizo palpable. Iñigo, incrédulo, preguntó: “¿En serio? ¿De verdad?”, antes de celebrar el tanto, recordando a generaciones anteriores que no habían vivido tanto éxito blanquiazul.
Con una voz entrecortada, Iñigo expresó su profunda emoción, haciendo referencia a su padre y sus tíos: “Al final, eso es… han vivido a la Real y no han conocido esto”. La conexión emocional con su familia y su legado se hizo aún más evidente mientras hablaba de la importancia que tiene la Real Sociedad en su vida.
“Isto me emociona mucho por ellos, de verdad te digo. Donde estén, que estén… eso. Me acuerdo mucho. Para mí la Real es todo”, concluyó Iñigo, reflejando el sentimiento de pertenencia y la pasión que liga a los aficionados con su equipo. Este relato no solo muestra el amor por el club, sino también cómo el fútbol puede conectar generaciones y recordar a aquellos que ya no están.




























































































