El cooperativismo se encuentra en el centro de las reflexiones que propone Xabier Sotil, ex presidente de la Corporación Mondragon y actual coordinador de dos obras publicadas por la asociación Arizmendiarrietaren Lagunak Elkartea. Estas obras, tituladas Suspertzen y Ausartzen, abordan los desafíos actuales que enfrenta este modelo y ofrecen perspectivas sobre su evolución.
El objetivo principal de este proyecto es analizar cómo el cooperativismo puede hacer frente a los retos contemporáneos, que abarcan desde cuestiones socioeconómicas y ecológicas hasta la transformación digital, sumándose a estos desafíos la geopolítica. Sotil enfatiza la importancia de transmitir los valores cooperativos, tanto a una sociedad que desconoce su realidad como a los propios cooperativistas, quienes a veces se desvían de estos principios. “Las cooperativas siempre han trabajado para construir sociedades ricas, no individuos ricos”, sostiene.
El modelo cooperativo, caracterizado por su distribución equitativa de la riqueza, se distingue de otros sistemas económicos. En particular, la comarca de Debagoiena se destaca como la zona con mayor concentración de cooperativas en Gipuzkoa, mostrando resultados significativos en términos de generación de riqueza social y en índices de pobreza y participación femenina. La inversión en innovación también es notable, lo que asegura el legado para futuras generaciones.
La sostenibilidad de este modelo se basa en la vivencia de sus valores. Sotil señala que es fundamental comprender cómo se transmiten estos principios de una generación a otra, destacando el papel crucial del liderazgo en este proceso. “No se trata solo de formación teórica, sino de líderes que crean nuevos líderes”, explica.
En cuanto al estado del liderazgo dentro del cooperativismo, Sotil menciona la existencia de dos tipos: el empresarial y el cooperativo. Lo ideal es que un mismo individuo posea habilidades en ambos ámbitos. “Veo a gente con una capacidad enorme para combinar ambos tipos de liderazgo”, dice sobre el escenario actual. Sin embargo, reconoce que el contexto social es diferente y que se requiere una adaptación a la nueva realidad social, sobre todo con la juventud, que tiene valores distintos.
La formación juega un papel esencial en la construcción de estos líderes cooperativos. La Cooperación Mondragon ha trabajado arduamente para sistematizar este proceso a través de su centro de formación Otalora. Sotil menciona que existen cooperativas que, al buscar liderazgo, deben recurrir a quienes han trabajado previamente en el entorno cooperativo debido a la escasez de perfiles adecuados en el mercado laboral.
El cooperativismo, aunque concentrado principalmente en la comarca de Debagoiena, enfrenta un desafío en la difusión de sus valores a otras áreas de Gipuzkoa y Bizkaia. Según Sotil, existe un importante desconocimiento sobre el cooperativismo que a menudo se traduce en percepciones negativas durante momentos de crisis, como lo experimentó Fagor Electrodomésticos. Sin embargo, resalta la resiliencia del modelo, que ha demostrado su capacidad para sobreponerse a dificultades a lo largo de su historia.
La falta de pedagogía sobre los valores cooperativos es otro aspecto que Sotil identifica como necesario de mejorar. Aunque en algunos contextos se ve como una curiosidad, el verdadero reconocimiento surge solo cuando las cooperativas logran éxito económico. “La percepción cambia rápidamente ante los problemas”, observa, sugiriendo que ha habido un escaso esfuerzo general para comprender la naturaleza cooperativa.
En el contexto actual, a pesar de que el cooperativismo ha encontrado su lugar en el ecosistema socioeconómico, existen áreas de mejora. La necesidad de conectar con las nuevas generaciones, quienes a menudo buscan una rápida acumulación de riqueza, es un reto. “El cooperativismo no se concibe como una opción atractiva para quienes piensan en términos de startups”, menciona Sotil, aunque también cree que muchos jóvenes buscan sociedades más igualitarias.
Finalmente, en un panorama de neoliberalismo económico, Sotil defiende al cooperativismo como una alternativa viable. “Ha demostrado ser capaz de crear y repartir riqueza de manera efectiva”, concluye. A pesar de que el futuro de este modelo no está definido, muestra optimismo por la existencia de jóvenes con valores que pueden llevar adelante el legado cooperativo y adaptarlo a la nueva realidad social.




























































































