En el centro de Bilbao, una escena recurrente se desarrolla cada día: músicos callejeros llenan de vida las calles, capturando la atención de transeúntes y turistas. Sin embargo, esta expresión artística se enfrenta a un cambio inminente debido a una nueva ordenanza impulsada por el ayuntamiento, cuyo objetivo es regular el uso del espacio público y responder a las quejas sobre el ruido. Entre las medidas propuestas, destaca la prohibición del uso de amplificadores en actuaciones callejeras, así como restricciones en horarios y ubicaciones para este tipo de actividades.
La normativa se justifica por el deseo de garantizar la convivencia y el descanso en áreas conflictivas, como Abando y Indautxu, donde la música en la calle es especialmente prominente. A pesar de esto, los artistas han expresado su preocupación, alegando que la regulación afectará negativamente a su trabajo y a la oferta cultural de la ciudad, eliminando actividades que forman parte del paisaje urbano. Esta situación recuerda una reforma de 2019 que obligaba a los músicos a obtener un permiso para actuar, una medida que muchos consideran excesiva.
Desde el colectivo Kaleko Musikariak, que agrupa a estos artistas, se han organizado para reaccionar ante la propuesta del consistorio. Su portavoz, Ander Enziondo, destacó la rapidez con la que se movilizaron tras conocer la normativa. «Nos reunimos para compartir información y discutir nuestras situaciones personales», comentó, señalando que entre sus miembros hay una variedad de perfiles, desde quienes dependen de la música como ingreso hasta jóvenes que luchan por encontrar espacios para actuar. La principal inquietud se centra en la prohibición de utilizar amplificadores, lo que dificultaría la visibilidad y sonoridad de sus actuaciones.
El colectivo ha reconocido que algunas quejas vecinales son válidas, subrayando la importancia de escuchar a los vecinos. Recientemente se reunieron con el Abando Anaitasuna para discutir la necesidad de un equilibrio entre el derecho al descanso de los residentes y la libertad de expresión artística. «Es injusto aplicar un veto general a todos por unos pocos casos problemáticos», argumentan, cuestionando si se debería penalizar a todos los conductores por los accidentes que causa un solo conductor borracho. Insisten en que la solución no es eliminar las actuaciones, sino gestionar mejor la convivencia en el espacio público.
Ante esta situación, muchos músicos han defendido la idea de que su arte no solo aporta diversión, sino que también es un componente esencial de la identidad cultural de Bilbao. Por ejemplo, el grupo Tarisko, conocido por su afrobeat, ha estado actuando en la calle durante los últimos cinco años. Según su trompetista, Kike Heredero, eligen este formato porque no hay suficientes espacios para bandas emergentes en la ciudad. «Aquí el ambiente es agradecido y sientes que realmente estás alegrando el día de alguien», comenta sobre la conexión que establecen con el público en sus actuaciones al aire libre.
Sin embargo, el colectivo Kaleko Musikariak sostiene que la nueva normativa es un golpe directo a la cultura urbana. Aseguran que «la música en la calle es parte del patrimonio cultural de Bilbao» y critican que la regulación se centre exclusivamente en eventos grandes y programados, ignorando la vitalidad que los artistas callejeros aportan a la vida cotidiana. «La cultura de una ciudad no se mantiene solo con grandes conciertos», afirmaron, enfatizando la importancia de permitir que la música resuene en el día a día.
En un contexto donde el respeto por los artistas y la libertad de expresión son elementos clave para una sociedad vibrante, los músicos de la calle continuarán luchando por su derecho a actuar. «La música no es solo un ruido, es una forma de vida y una expresión de nuestra identidad», concluyen, invitando a la comunidad a reflexionar sobre la importancia de la cultura en el espacio público.





























































































