Este viernes, Legazpi acogerá la 92ª edición de la clásica Santikutz, un evento destacado en el calendario ciclista que forma parte de la Copa de España. Los ciclistas aficionados más destacados competirán por la codiciada txapela y el trofeo que se otorga al triunfador. Este año, los premios han sido diseñados por la artista local Ane Urzelai Olabide, quien ha creado trofeos que cuentan con una rica historia ciclista, incluso superando en kilómetros recorridos a los propios competidores, ya que han viajado más de 700 kilómetros desde Altea, donde actualmente reside la artista.
Los trofeos, como en ediciones anteriores, son verdaderas obras de arte, concebidas específicamente para los ciclistas que las recibirán. El diseño del trofeo principal incluye la figura de un ciclista con maillot amarillo levantando los brazos en señal de victoria, mientras que el trofeo destinado al mejor escalador presenta a un ciclista con maillot blanco y lunares rojos. Cada uno de estos premios es un reflejo del esfuerzo y la dedicación que caracteriza a la competición.
Urzelai ha utilizado materiales como mármol, metal, madera y pintura al óleo para elaborar los trofeos, que son significativamente pesados, simbolizando la importancia del triunfo en la clásica Santikutz. Aunque en el pasado ha contado con la colaboración del carpintero local Paulo Ormazabal para la construcción de los trofeos, este año se ha visto obligada a realizar el trabajo de forma independiente. En un testimonio conmovedor, ha expresado los obstáculos que enfrentó al intentar adquirir materiales y herramientas, señalando: «No me tomaban en serio porque soy mujer. He tenido la sensación de que me estaban haciendo un examen».
Además de las dificultades en la creación de los trofeos, Urzelai tuvo que organizar el envío desde Altea hasta Legazpi, para lo cual recibió apoyo de legazpiarras que frecuentemente viajan a Benidorm. Finalmente, los trofeos ya están en Legazpi, listos para ser presentados a los ciclistas que participarán en la carrera.
La clásica Santikutz no solo es una competición de ciclismo, sino también una celebración de la cultura local y el arte. Con un recorrido que promete ser desafiante, los ciclistas se preparan para dar lo mejor de sí mismos en esta prueba que es un referente en el ámbito ciclista nacional. La combinación de talento artístico y el espíritu competitivo de la carrera refleja la identidad de la región, donde el ciclismo sigue siendo una tradición profundamente arraigada.






























































































