Osasun Bidasoa y diferentes colectivos relacionados con la salud han hecho un llamado a la movilización, anunciando una serie de protestas que se llevarán a cabo durante el mes de marzo. La primera manifestación está programada para este domingo, 1 de marzo, en Hondarribia, organizada por #FSaludMentalIrun. El ciclo de movilizaciones culminará el 28 de marzo con una concentración en las puertas del Hospital Bidasoa, donde se exigirá la reapertura de las urgencias pediátricas de la región. Además, se llevarán a cabo concentraciones cada miércoles del mes en diferentes localidades, comenzando el día 4 en el centro de Irun, seguido por eventos en Dunboa, Hondarribia y el antiguo hospital de Irun.
El motivo de estas movilizaciones es el aviso de Osasun Bidasoa sobre un inminente riesgo de «colapso» en el sistema de salud pública local. Las organizaciones piden a los ciudadanos que dediquen «10 minutos» para asistir a las concentraciones y enviar un claro mensaje a las autoridades.
El doctor Manel Ferrán, antiguo director del ambulatorio de Irun Centro y actual portavoz de Osasun Bidasoa, ha señalado que tras el cambio de gerente en la OSI Bidasoa el pasado agosto, se reunieron con él en septiembre y decidieron esperar un tiempo prudencial para evaluar posibles mejoras. Sin embargo, después de casi seis meses, no se han observado avances.
Las quejas de las familias son numerosas, especialmente por el cierre de las urgencias pediátricas, donde, según la portavoz Marisa Gutiérrez, «hay un PAC en el que nunca hay pediatra». Esto ha llevado a que muchas situaciones que antes se resolvían en la comarca ahora se deriven a Donostia, complicando la atención a los menores y afectando a la organización familiar. “Nos unimos a las movilizaciones para denunciar el desmantelamiento progresivo de la sanidad pública y exigir que se restablezcan las urgencias pediátricas”, agregó Gutiérrez.
Desde el ámbito de la salud mental, las quejas giran en torno a la escasez de recursos y profesionales, lo que retrasa los diagnósticos y, por ende, la disponibilidad de personal de apoyo en los centros educativos. Igor Medrano, representante de Salud Mental, indicó que las condiciones en el nuevo local de atención en la calle Eguzkitza son inaceptables, ya que los pacientes pueden escuchar lo que se dice en las consultas.
Los problemas que enfrenta Osasun Bidasoa son, desafortunadamente, de larga data. “No dejaremos de exigir soluciones”, advirtió Mariaje Alfonso, quien ha estado vinculada al hospital desde su apertura. La situación es alarmante, con el inicio de obras en nuevos quirófanos que han obligado al cierre de una unidad de hospitalización. Aunque el número de camas no ha disminuido drásticamente, la aglomeración de pacientes ha generado un ambiente de trabajo complicado para el personal sanitario.
El doctor Ferrán también mencionó que la escasez de urólogos y las largas esperas en traumatología —que pueden alcanzar los 178 días— son factores que han contribuido a una mayor presión sobre un sistema ya tensionado. “Cuando se habla de las bajas y del absentismo laboral, hay que tener en cuenta que muchos trabajadores no pueden regresar a su puesto debido a estas interminables listas de espera”, añadió.
Un punto de preocupación adicional es el centro de salud de Oñaurre, cuya construcción, anunciada por el consejero Martínez, aún no ha avanzado desde su propuesta inicial. Aunque se esperaba que se licitara el proyecto en enero, no hay confirmaciones al respecto. En cuanto a los nuevos locales municipales para Alarde en Irun, se prevé que las obras comiencen en 2026 y que estén operativos en 2027, aunque aún no se ha solicitado la correspondiente licencia de obra.
La situación en urgencias también es crítica. Se ha alertado que los médicos de urgencias están siendo forzados a atender a niños en estado grave, sin la especialización adecuada para ello. “Hay médicos que no han tratado a un niño desde que terminaron su formación”, advirtió Alfonso. Este escenario se complica aún más con el cierre de las urgencias pediátricas, obligando a los médicos de familia a manejar casos que exceden su formación.
Alfonso subrayó que esta presión creciente en el personal está llevando a un agotamiento que podría resultar en más bajas. A día de hoy, muchos médicos se muestran reticentes a trabajar en las urgencias del Bidasoa, lo que ha motivado la implementación de un plan de contingencia poco efectivo. Este plan, que debería ser un recurso para situaciones excepcionales, ha llevado a que el personal de planta tenga que asistir a urgencias, poniendo en riesgo la calidad de la atención.
La administración tiene la responsabilidad de proporcionar los medios necesarios para asegurar una atención adecuada, y hasta ahora no lo ha hecho. La acumulación de presión en un sistema ya sobrecargado está generando una situación insostenible para pacientes y profesionales por igual.

































































































