Xabier Albistur, originario de Doneztebe y nacido en 1944, ha compartido su apreciación sobre la figura de Carlos Garaikoetxea, a quien considera un pionero en la modernización del autogobierno vasco. A pesar de su distanciamiento personal tras la transición de Garaikoetxea de EA al PNV, Albistur ha reflexionado sobre cómo pudo haberse evitado la escisión que partió al partido en sus inicios.
Albistur rememora su primer encuentro con Garaikoetxea antes de su carrera política, cuando se dedicaba a preparar una publicación sobre economía en el departamento de estudios de Caja Laboral. Durante este tiempo, tuvo la oportunidad de interactuar con instituciones de Navarra, donde Garaikoetxea ejercía como presidente de la Cámara de Comercio de Pamplona. Su capacidad de análisis y experiencia industrial dejaron una impresión duradera en Albistur, quien describe a Garaikoetxea como un hombre «inteligente y cercano». Más adelante, ambos coincidieron en un viaje a Venezuela, donde discutieron sobre la política vasca.
Durante su etapa como viceconsejero en el Gobierno Vasco, Albistur explica que la relación con Garaikoetxea era inicialmente distante, dadas sus respectivas posiciones. No obstante, siempre hubo oportunidades para el diálogo y la colaboración. Garaikoetxea se interesaba por el trabajo de sus colaboradores y mostraba un gran respeto por el esfuerzo ajeno. «Todo lo hacía con rigor, pero también con humanidad», señala Albistur, enfatizando cómo, incluso en circunstancias difíciles, como la presión del terrorismo, Garaikoetxea mantuvo la calma y la firmeza necesarias.
En cuanto al legado de Garaikoetxea, Albistur subraya que, junto a otros líderes como Javier Arzalluz, aprendieron a hacer política en Euskadi con «responsabilidad» y «apertura al diálogo». El gobierno de Garaikoetxea, a pesar de no contar con mayoría absoluta, buscó siempre el consenso, dejando una huella clara en la política actual y estableciendo las bases para el fortalecimiento del autogobierno vasco.
Albistur también destaca el carácter personal de Garaikoetxea, describiéndolo como una persona atenta y cercana que siempre se preocupaba por su entorno laboral. «Buscaba colaborar, pero también dejar libertad», dice, reflejando la confianza que impartía entre sus colegas. Recordando aquellos años, expresa que fueron tiempos de gran ilusión, aunque también de tensión, como la vivida durante el intento de golpe de estado del 23 de febrero de 1981.
Refiriéndose a la escisión del PNV, Albistur argumenta que surgió de un contexto de radicalismo y presiones internas, donde se mezclaron lo emocional y lo ideológico. A su juicio, decisiones que podrían haberse tomado de otro modo contribuyeron a esa fractura. Sin embargo, considera que el aire de modernidad que Garaikoetxea representaba era crucial para la evolución de la sociedad vasca de aquellos años.
En su análisis, menciona que el proyecto socialdemócrata que surgió después en torno a EA no prosperó debido a la mezcla de objetivos radicales con intentos de modernización, lo que impidió la consolidación de un verdadero proyecto renovador. A pesar de ello, Albistur sostiene que el legado de modernidad que dejó Garaikoetxea sigue siendo una referencia importante.
Finalmente, se refiere al actual reconocimiento que ha recibido la labor de Garaikoetxea, destacando el papel del lehendakari Imanol Pradales en este proceso. Con el tiempo, su contribución a la política vasca ha sido valorada como fundamental para la creación de instituciones y el avance de la democracia en un contexto desafiante.
Albistur concluye hablando de su regreso al PNV y el distanciamiento que esto provocó con Garaikoetxea. A pesar de las diferencias, sostiene que la colaboración y la unión son esenciales para avanzar, y que su experiencia ha demostrado que la división solo debilita a la comunidad. «El tiempo me ha dado la razón», afirma, refiriéndose al presente del PNV en comparación con EA, que, según él, ha perdido fuerza en la actualidad.


























































































