El artista Jesús Jauregi ha presentado por primera vez en Bilbao su ambiciosa muestra titulada Anthropos, una exposición que reúne años de trabajo y que se puede visitar en el Chillida Leku de la Universidad del País Vasco hasta el 7 de mayo. La exhibición está compuesta por una docena de grandes obras que podrán visitarse de lunes a viernes en horario de 08:00 a 20:00. Para Jauregi, el contexto académico es fundamental, ya que considera que «la universidad es el alma de una ciudad» y siente un gran orgullo al poder presentar su obra en este espacio.
La propuesta de Anthropos se centra en la «dudosa naturaleza del cuerpo» y plantea profundas interrogantes sobre la existencia humana. Según el artista, esta obra es un intento de «expresar los enigmas de la existencia», profundizando en el misterio sin ofrecer respuestas definitivas. Jauregi busca explorar la intersección entre el ser humano, el reino animal y lo divino, creando imágenes híbridas que sitúan al espectador en la frontera entre lo conocido y lo desconocido.
El artista se distancia del predominante discurso conceptual actual, defendiendo una aproximación diferente. Argumenta que el arte debe surgir de necesidades íntimas y visceralmente sentidas, priorizando la intuición y la poesía sobre las ideas y el discurso. «Mi brújula marca una dirección contraria: el arte debe ser mitificado y sacralizado para recuperar una dimensión simbólica y sagrada», ha afirmado.
Las obras expuestas son de gran formato, y Jauregi explica que este no es un mero capricho estético, sino una evolución natural en su trabajo: «Con el tiempo, ciertos temas me pedían ser tratados en mayor escala». Las piezas de la exposición son solitarias y desnudas, con una potente carga expresiva y a menudo incorporan rasgos de animales: «Quiero capturar ese aspecto animal del ser humano, que a veces toca lo divino».
Cada obra en la exposición no se presenta como una pieza aislada, sino como parte de un recorrido continuo: «Cada obra es consecuencia de la anterior, formando una cadena». Esto permite una interpretación en la que la presencia de las piezas no es solo individual, sino que invita al espectador a seguir un hilo narrativo. Jauregi desea que el público no se sienta obligado a interpretar su obra de una única manera: «No quiero que la gente entienda mi obra de forma unidimensional». Para él, lo más importante es que cada espectador genere su propia experiencia al interactuar con la obra: «Lo que se genera a partir de la obra es más relevante que la obra en sí».
En cuanto a los aspectos formales de su trabajo, Jauregi utiliza una paleta de colores limitada, predominando los tonos grises, blancos y negros. La luz y la sombra son elementos esenciales para crear atmósferas y potenciar la sugerencia: «Me atraen las penumbras, las luces bajas y la oscuridad», ha comentado. Esta elección presenta también un reto estético: «Trabajar con pocos colores es más complicado, y esa dificultad es lo que me interesa».
Su proceso creativo, según explica, nunca es completamente cerrado. A menudo, una simple línea o mancha da inicio a una obra que se desarrolla sola: «El comienzo no siempre anticipa el final». Este enfoque le permite que surjan desarrollos inesperados, los cuales considera una parte esencial de la creatividad.
Jauregi describe su proceso como abierto e intuitivo, sin un objetivo mental concreto: «A veces parto de una idea, pero la obra va evolucionando por sí sola a medida que trabajo». Se guía por pasos intuitivos hasta que la obra encuentra su conclusión. Al final, busca una cohesión: «Como en una orquesta, todos los elementos deben unirse en un solo sonido».
El impacto del constructivismo vasco ha sido significativo en la trayectoria del artista, destacando su admirable relación con figuras como Néstor Basterretxea y Jorge Oteiza: «Ellos fueron mi escuela», recuerda. «De ellos aprendí la importancia de la estructura como base de la expresión artística, aunque a menudo no sea visible».
Tras vivir durante 25 años en México, la influencia de esta experiencia ha dejado una huella profunda en su obra. «Allí descubrí la magia del arte», rememora. La exposición de nuevas figuraciones, el expresionismo mexicano y el arte indígena le proporcionaron una perspectiva más abierta: «Me liberé de la rigidez occidental», añade, resaltando la libertad creativa que encontró en Latinoamérica.
La exposición Anthropos no busca ser un espacio de explicaciones, sino una experiencia en sí misma. El objetivo de Jauregi es claro: «Quiero que el espectador sienta algo, que sea conmovido desde dentro». No busca una interpretación cerrada, sino provocar un impacto duradero: «Quiero que quien entra no salga igual». En esta intensidad reside el verdadero significado de su trabajo.






























































































