El reciente triunfo del ciclista urretxuarra Aimar Ugarteburu en la carrera de Zegama ha sido una de las noticias deportivas más destacadas del fin de semana. Este joven competidor, en su primer año en la categoría juvenil, ha logrado una victoria que, aunque significativa, quedó algo opacada por el fervor que generó la final de la Copa del Rey, donde la atención de Gipuzkoa se centró en la Real Sociedad. No es la primera vez que un ciclista de Urretxu experimenta esta situación, recordando la historia de José Mari Yurrebaso, quien en 1981 vivió un momento similar tras ganar una etapa de la Vuelta a España justo después de un histórico gol de la Real.
La Vuelta a España de 1981 comenzó el 20 de abril y culminó el 10 de mayo, siendo el italiano Giovanni Battaglin el vencedor final. Entre los españoles, Pedro Muñoz y Vicente Belda acompañaron a Battaglin en el podio. El mejor ciclista guipuzcoano en esa edición fue Miguel Mari Lasa, quien finalizó en décima posición y ganó una etapa, aunque su victoria pasó desapercibida debido al contexto de euforia por la Real.
Yurrebaso se destacó en la octava etapa de la Vuelta, que se llevó a cabo el 29 de abril entre Jaén y Granada. En esa jornada, el ciclista lanzó un ataque junto a otros cuatro corredores, y al poco tiempo logró escaparse, manteniendo su ventaja durante la mayor parte de la etapa. A pesar de que el terreno montañoso presentaba desafíos, Yurrebaso, que contaba con 25 años en ese momento, consiguió llegar a la meta con un margen de un minuto y medio sobre el pelotón.
El ciclista formaba parte del equipo Hueso-Manzaneque, dirigido por el emblemático Miguel Moreno, quien se mostró entusiasta animándole durante la carrera. Sin embargo, la celebración de su victoria fue discreta, ya que el equipo debía preparar una cronoescalada más tarde ese mismo día, lo que hizo que el reconocimiento en su localidad natal fuera limitado. A final de temporada, la sociedad deportiva Goierri le rindió un pequeño homenaje.
Por su parte, Ugarteburu recibió el apoyo de sus compañeros del equipo Bellota-Goierri tras su triunfo, que representa la primera victoria para el equipo juvenil en esta temporada. Juan Agirre, uno de los responsables del equipo, expresó su satisfacción, señalando que “es un gran logro, ya que es juvenil de primer año. Corrió de manera muy inteligente y decidió quedarse en el equipo de casa tras recibir una oferta de otro club, lo cual es muy valioso”.
El joven ciclista se mostró sorprendido por su éxito. “No esperaba ganar tan pronto, pero vi la oportunidad y decidí atacar en la última subida a Minas. Me considero escalador”, comentó. Su celebración fue original: vio el partido de la Real Sociedad en una pantalla gigante instalada en la plaza de Zumarraga, donde la afición se reunió para animar al equipo.
La conexión entre la Real Sociedad y el mundo del ciclismo en Gipuzkoa es notable. Históricamente, la Real tuvo un vínculo con el ciclismo, ya que en 1909, el Club Ciclista de San Sebastián permitió que el equipo de fútbol jugara con su licencia, aunque posteriormente se construyó un campo de fútbol en el lugar del velódromo de Atotxa. Esto llevó a la famosa maldición de Monsieur Comet, quien profetizó que la Real nunca ganaría un título, una afirmación que se mantuvo hasta el famoso gol de Zamora en Gijón.
Desde aquel momento, se ha dicho en broma que parece ser que cuando la Real triunfa, los ciclistas son olvidados. La victoria de Ugarteburu, sin embargo, ha generado más eco del que habría tenido en otras circunstancias. “¿Dónde hay que firmar para que la Real me eclipsara una victoria?”, reflexionan ahora los ciclistas de Gipuzkoa, conscientes de que la rivalidad y la pasión por el deporte son parte de su identidad. Con cada nuevo triunfo, tanto en el fútbol como en el ciclismo, la afición sigue unida, celebrando los logros de sus representantes en cada disciplina.































































































