Hoy, 14 de abril de 2026, se conmemoran 95 años desde la proclamación de la II República en 1931, un acontecimiento que marcó un punto de inflexión en las aspiraciones de autogobierno en el País Vasco. Desde los fracasos que vivieron los fueristas vascos tras las guerras carlistas, se había ido gestando una conciencia creciente sobre la necesidad de un gobierno autónomo. Esta situación generó, desde 1876, un descontento hacia las fuerzas políticas españolas y un anhelo de contar con un partido que representara exclusivamente los intereses vascos, integrando así elementos de la lengua y cultura propias, especialmente el euskera.
Entre los impulsores de este renacer del nacionalismo vasco se destacó el navarro Arturo Campión, quien promovió la idea de una política que se diferenciara entre lo vasco-navarro y lo español. En este contexto, el abogado Sabino Arana, nacido en Bilbao en 1865 y fundador del EAJ-PNV, fue crucial en la formulación de un nacionalismo vasco moderno, que tomó forma en 1892 bajo el lema “Bizcaia por su independencia”. Cuando se proclama la II República en abril de 1931, el EAJ-PNV ya contaba con una considerable base de apoyo, especialmente en Gipuzkoa y Bizkaia, impulsando así el desarrollo de un Estatuto de Autonomía.
Los esfuerzos para conseguir este Estatuto comenzaron con gran entusiasmo. Apenas tres días después de la proclamación republicana, los ayuntamientos de Bizkaia se reunieron en Gernika para reconocer la nueva República y solicitar un gobierno vasco. Sin embargo, el gobierno español respondió que la creación de un Estatuto debía surgir de las Cortes. A pesar de esta negativa, los municipios vascos continuaron adelante y el 8 de mayo solicitaron a la Sociedad de Estudios Vascos un anteproyecto de Estatuto, que fue elaborado rápidamente y entregado a la Comisión de Municipios Vascos a finales de mayo.
La declaración preliminar de este anteproyecto dejaba claro el objetivo del EAJ-PNV: “se declara que el País Vasco constituye una entidad natural y jurídica con personalidad política propia, y se le reconoce como tal el derecho a constituirse y regirse por sí mismo como Estado Autónomo dentro de la totalidad del Estado Español”. Sin embargo, el gobierno español se opuso a que la iniciativa autonómica proviniera de los ayuntamientos, considerando que la soberanía debía radicar únicamente en el Estado, lo que generó tensiones adicionales, especialmente en torno a la relación entre Iglesia y Estado.
A pesar de las dificultades, un grupo de cuatrocientos veinte alcaldes vascos viajó a Madrid para presentar el proyecto de Estatuto, conocido como el de “Estella”, al presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora. Sin embargo, este esfuerzo fue en vano, ya que durante las sesiones del 22 al 25 de septiembre en las Cortes, el contenido del Estatuto fue considerado “contradictorio” con la Constitución española. Esto llevó a que la minoría vasco-navarra decidiera retirar su propuesta, y el 8 de diciembre de 1931 se estableció que cualquier futura redacción de Estatutos debía alinearse con la Constitución vigente.
Un cambio significativo en la política ocurrió cuando el EAJ-PNV apoyó la elección de Alcalá Zamora como presidente, lo que fue visto por la derecha como una traición y transformó a esta en una fuerte opositora al Estatuto y las reivindicaciones vascas. En enero de 1932, se organizó una reunión entre las Comisiones Gestoras y los municipios para redactar un nuevo proyecto que se ajustara a la Constitución. Este trabajo culminó el 11 de marzo de 1932, y el 19 de junio se reunió en Pamplona para aprobar el nuevo proyecto, el cual recibió respaldo mayoritario en Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, aunque no en Navarra.
A pesar de los obstáculos, el EAJ-PNV perseveró en su intención de avanzar con el proyecto, que fue aprobado. Sin embargo, tras las elecciones de noviembre de 1933, las fuerzas de la derecha tomaron el control, llevando a un periodo conocido como el “Bienio Negro”, donde las tensiones entre el nacionalismo vasco y el Gobierno español se intensificaron, caracterizadas por una política claramente anti-autonomista.
El proyecto de Estatuto quedó en el olvido hasta que el Frente Popular triunfó en febrero de 1936. Dos meses después, se volvió a presentar en las Cortes y, en julio de 1936, la Comisión concluyó su dictamen. Sin embargo, el 7 de octubre de ese mismo año, en medio de la guerra civil, se aprobó la Ley del Estatuto de Autonomía para Euskadi, aunque su implementación quedó truncada por la victoria del fascismo, que desmanteló las reivindicaciones vascas y tildó de traidoras a las provincias de Gipuzkoa y Bizkaia.
El EAJ-PNV mantuvo su compromiso con la República y sus valores democráticos, resistiendo durante 40 años de represión fascista. La historia de este partido es un testimonio de su lucha por el autogobierno y la reconstrucción de la identidad vasca, un legado que sigue presente en la memoria colectiva. Hoy, al conmemorar esta fecha, es fundamental recordar los sacrificios y los ideales que han definido la lucha por la libertad y la democracia en Euskadi.
































































































