El reciente encuentro de la Real Sociedad en la Copa del Rey ha traído consigo una serie de emociones y desafíos para el equipo guipuzcoano. En un partido marcado por la tensión, Nacho Quintana logró igualar el marcador en el minuto 80, justo después de que Luka Sučić abriera la cuenta para el equipo rival en Elda. Este resultado podría haber significado el adiós anticipado del conjunto donostiarra, algo que no ocurría desde la temporada 2017/2018, cuando el Lleida sorprendió en Anoeta. Sin embargo, la Real se mostró resiliente, recordando su victoria reciente ante el Atlético de Madrid en Sevilla, lo que reafirmó su capacidad para superar adversidades.
El viaje de la Real comenzó en la primera ronda del torneo, donde se enfrentó a la SD Negreira, un reto que a menudo representa una celebración para el equipo local. A pesar de las dificultades, el equipo de Sergio Francisco dominó el juego, y Mikel Goti abrió el marcador con un gol seguido por las dianas de Arsen Zakharyan y Beñat Turrientes, asegurando su victoria. Con este triunfo, la Real avanzó hacia la siguiente fase del torneo, preparando el terreno para un camino lleno de sorpresas y emociones.
Tras esa victoria inicial, el equipo se trasladó a Cataluña para enfrentar al Reus FC Reddis. Mikel Goti volvió a destacar, anotando un gol en el minuto 49, mientras que Umar Sadiq selló el resultado con un penalti en los instantes finales, evidenciando la superioridad del equipo visitante. Sin embargo, el buen desempeño en la Copa contrasta con los desafíos que enfrentaba la Real en la liga, lo que plantea preguntas sobre su consistencia.
En un giro inesperado, la situación del equipo cambió cuando Sergio Francisco fue reemplazado como entrenador. Jon Ansotegi asumió el liderazgo en un momento crítico, enfrentando desafíos tanto en la liga como en la Copa. La presión aumentó cuando la Real debía decidir si priorizar el partido de liga contra el Valencia o continuar su búsqueda de gloria en la Copa. A pesar de las dudas en la afición, el equipo optó por seguir adelante en el torneo, una decisión que podría tener repercusiones significativas en su temporada.
El desafío más grande llegó en la tercera ronda contra un rival de primera RFEF. Un gol de Luka Sučić parecía desanimar a la Real, pero un gol de Pablo Marín en el minuto 96 salvó a su equipo de una eliminación que habría sido devastadora. Esta victoria se convirtió en un símbolo de la determinación del equipo, mostrando que la resistencia es esencial en su camino hacia la final.
El sorteo les deparó un viejo conocido en los octavos de final: Osasuna. En un partido disputado en Anoeta, el equipo de la Real luchó contra un inicio errático y se encontró en desventaja por 0-2. Sin embargo, la determinación del equipo brilló a través de un esfuerzo colectivo que les permitió empatar y forzar la prórroga, donde finalmente lograron vencer en una tanda de penaltis. Unai Marrero, el portero, se convirtió en el héroe de la jornada, y su actuación fue celebrada por los aficionados.
La siguiente ronda llevó a la Real a Mendizorrotza para enfrentarse al Alavés. A pesar de un comienzo complicado, el equipo logró revertir la situación gracias a los goles de Gonçalo Guedes y Orri Óskarsson. Esta victoria no solo aseguró su pase a la semifinal, sino que también reavivó la esperanza entre los aficionados, que comenzaron a cantar en apoyo a su entrenador y al equipo.
El derbi contra el Athletic en las semifinales fue el siguiente gran reto. En el partido de ida, disputado en San Mamés, la Real consiguió una ventaja mínima gracias a un gol de Turrientes. En el partido de vuelta, celebrado en Anoeta ante una multitud entusiasta, Mikel Oyarzabal transformó un penalti que selló la clasificación para la final. Este momento fue histórico y marcó el retorno del equipo a la lucha por un título que no conseguía desde 1988.
La gran final, celebrada en La Cartuja de Sevilla, fue un encuentro lleno de emociones y tensiones. La Real no solo buscaba el triunfo, sino también reafirmar su lugar en la historia del fútbol español. El equipo demostró una gran fortaleza, incluso cuando Julián Álvarez empató el partido. La prórroga trajo consigo una serie de retos, pero la Real se mantuvo firme, y en la tanda de penaltis, Unai Marrero y Pablo Marín volvieron a ser protagonistas. Este triunfo no solo simboliza una victoria deportiva, sino también un testimonio de la resiliencia y la historia que la Real Sociedad continúa forjando en el fútbol español.































































































