El pasado 20 de enero, la clásica Lieja-Bastoña-Lieja volvió a ser escenario de una emocionante contienda ciclista, donde el esloveno Tadej Pogacar demostró su dominio al conseguir su cuarta victoria en esta emblemática prueba. Esta edición, marcada por un ritmo vertiginoso, se destacó por ser la más rápida de la historia, con una velocidad media de 44,57 km/h a lo largo de los 260 km del recorrido.
Pogacar, que ya había sido campeón en 2021, 2024 y 2025, se enfrentó a un rival emergente como Paul Seixas, quien mostró una resistencia notable. Durante la carrera, la tensión se palpó en cada ataque del esloveno, que lanzó hasta cuatro ofensivas para intentar deshacerse de Seixas, quien mantuvo una feroz competitividad hasta el final.
En una parte crucial de la carrera, conocida como la Côte de la Roche-aux-Fauçons, Pogacar demostró su capacidad para manejar la presión y ejecutó un ataque decisivo que le permitió abrir una ventaja importante. A pesar de los intentos de Seixas por mantener el ritmo, el campeón del mundo logró despegarse y terminó cruzando la línea de meta con una considerable ventaja de casi 20 segundos sobre su oponente.
El podio final estuvo compuesto por Pogacar en primer lugar, seguido de Seixas en segunda posición y Remco Evenepoel en tercera. Pello Bilbao, que también estuvo en la contienda, se posicionó en el sexto lugar, demostrando la competitividad de los ciclistas vascos en esta mítica carrera.
El clima en el día de la carrera fue favorable, lo que contribuyó a la explosividad del evento. Las banderas ondeaban y los aplausos del público acompañaban cada pedalada, creando una atmósfera vibrante que elevó la experiencia para todos los asistentes. La victoria de Pogacar también fue un tributo a la memoria de Cristian Camilo Muñoz, un ciclista colombiano fallecido recientemente, a quien dedicó su triunfo.
La actuación de Pogacar subraya no solo su excepcional talento, sino también su capacidad para elevar el nivel del ciclismo en un momento en que la competencia es feroz. Con cada victoria, el esloveno se establece más firmemente en la historia del ciclismo, mostrando que su legado irá más allá de sus triunfos inmediatos.
En este contexto, Seixas ha demostrado ser una figura a tener en cuenta en futuras competiciones. Su juventud y determinación lo convierten en un contendiente prometedor para la próxima generación de ciclistas. A medida que se acercan nuevas competiciones, el duelo entre Pogacar y Seixas podría anticipar un emocionante capítulo en el ciclismo mundial.
La Diputación Foral de Gipuzkoa también ha expresado su apoyo a los ciclistas locales, fomentando la práctica del deporte en la región y celebrando los logros de sus atletas. La carrera no solo fue un espectáculo deportivo, sino un recordatorio de la rica tradición ciclista que existe en esta parte del mundo.
A medida que avanzamos hacia el futuro, será fascinante observar cómo se desarrollan estas rivalidades y qué nuevas historias surgirán en el apasionante mundo del ciclismo. La herencia de estos atletas se siente con fuerza y promete seguir inspirando a futuras generaciones.































































































