La conexión entre la **voz** y el **movimiento** se plasma en la nueva obra titulada «M», creada por las artistas Arantza Iglesias y Ane Garcia. Este trabajo, que explora el concepto de la **maternidad**, se presentará el **16 de mayo** en la Gazte Eszena de **Donostia**. A través de una serie de oscilaciones, vibraciones y ondulaciones entre el sonido y el movimiento, buscan generar un espacio común que abarque diferentes estados corporales.
En sus palabras, Iglesias expresó que quería profundizar en el significado de la palabra «madre», sintiéndose abrumada por la diversidad de interpretaciones que esta conlleva. Considera que el término se encuentra «capturado» y desea liberarlo, llevándolo al escenario para compartirlo de una manera más auténtica.
Por su parte, Garcia subrayó que su propuesta se basa en el diálogo entre la voz y el movimiento. Aunque la maternidad fue el punto de partida, el objetivo es abordar el tema de manera abierta, sin limitarse a expresiones verbales. De este modo, buscan resaltar cómo ambos elementos pueden comunicarse sin necesidad de palabras, a pesar de que estas también estén presentes en la pieza.
A lo largo de la historia se ha hablado extensamente sobre la maternidad, pero raramente se ha vinculado con la expresión corporal. Iglesias reflexionó sobre cómo, en ocasiones, la discusión ha estado demasiado guiada, centrándose en la idea de lo que significa ser una buena madre. Ha resaltado que a las mujeres se les ha otorgado poco espacio para explorar y vivir esta experiencia de forma libre, y su intención es mostrar cómo cada individuo siente esta función de manera personal.
En este proceso creativo, la obra ha evolucionado, llevando la palabra «madre» a su mínima expresión, representada por la letra «m». Esta letra no solo simboliza el término, sino que también se convierte en un medio para generar sonidos mínimos. Además, la obra aborda la creación como un proceso de materialización, donde se da lugar a la creación y se cuida este proceso.
Garcia mencionó que han investigado un concepto denominado «abatimiento», que ocurre cuando dos ondas sonoras se combinan, creando una vibración única. Este fenómeno ha sido clave en su investigación, ya que les ha permitido observar cómo se fusionan los cuerpos y cómo de esta interacción surge algo nuevo.
El proceso de creación ha sido enriquecedor, permitiéndoles sumergirse en un universo creativo. Durante su investigación, encontraron el libro «Sound and May Be Seen» de Margaret Hughes, que explora la idea de plasmar con la voz, generando formas específicas con cada nota.
La colaboración entre Iglesias y Garcia ha sido fundamental. Desde el inicio, Iglesias tenía claro que deseaba utilizar la voz, el texto y la palabra en su obra. Al contactar con Garcia, quien tiene un vínculo especial con la poesía, encontraron que la danza en sí misma representa una forma de poesía en movimiento.
El proceso, aunque extenso, no les ha generado ansiedad. Garcia indicó que han procurado no presionarse, ya que la esencia de la pieza es muy delicada y requiere que ambas se mantengan conectadas consigo mismas.
Respecto a la integración de la voz y el movimiento, inicialmente pensaron que Iglesias recitaría los textos mientras Garcia se enfocaba en la danza. Sin embargo, se dieron cuenta de que la voz, incluso sin palabras, podía ofrecer una contribución valiosa. En ciertos momentos, los roles han estado claramente definidos, mientras que en otros, se han entrelazado, lo que ha sido uno de los aspectos más interesantes de la obra.
Iglesias destacó que han establecido una relación especial entre la voz y el cuerpo, tratando la voz como un tipo de movimiento más. Han explorado la sonoridad y la vibración, que son elementos fundamentales de su técnica de danza. Esta fusión ha surgido de manera natural, cuidando el cuerpo y la voz en un proceso que se centra en la vulnerabilidad.
La obra exige un compromiso constante, ya que es un ente vivo que pide atención y conexión. Iglesias resaltó que la destreza y la técnica necesarias residen en su presencia en el escenario, creando una anatomía inventada basada en técnicas de danza afro contemporánea que les ha permitido acceder a un universo más neutral.
El proceso ha sido alimentado por la colaboración de un grupo diverso. Iglesias mencionó la ayuda de Izaro Ieregi en la creación de un mapa conceptual, de Peru Galbet en la parte vocal, y de Oihana Vesga, quien ha proporcionado una perspectiva externa sobre el movimiento. Además, Maitane Campos e Itziar Garaluce han trabajado en aspectos audiovisuales, mientras que Marc Canu ha contribuido al diseño de la iluminación, y Myriam Lizarralde ha estado involucrada en la parte de vestuario.
Con la inminente presentación de «M», las artistas se sienten satisfechas con el estado de la obra, aunque reconocen que siempre se requiere estar presente en el proceso creativo. En este sentido, Iglesias asegura que están listas para compartir lo que se ha generado hasta el momento, mientras que Garcia recalca que por ahora no tienen otros espectáculos programados, priorizando el cuidado y la reflexión sobre futuras presentaciones.




























































































