El escritor y guionista húngaro László Krasznahorkai, quien recibió el Premio Nobel de Literatura 2025, realizó recientemente su primera intervención internacional en Barcelona. Durante este evento, se mostró crítico con la situación actual del mundo, afirmando: «No me llevo muy bien con el poder, no me he llevado y no creo que me lleve».
Krasznahorkai profundizó en el papel de la literatura en su vida y en cómo su Hungría natal ha influido en su obra. Según él, el poder político es «muy limitado» y tiende a ver a las personas solo como medios para obtener beneficios económicos. Además, expresó que «llevamos tiempo ya viviendo el apocalipsis», refiriéndose a que no se trata de algo que está por llegar, sino que está ocurriendo en el presente.
El autor de obras como ‘Melancolía de la resistencia’ y ‘Guerra y guerra’ mostró su deseo de que las próximas elecciones en Hungría, programadas para abril, traigan algún cambio. En caso de que no suceda así, sugirió a sus compatriotas que busquen refugio en otros países que los acojan.
Krasznahorkai subrayó que «las cosas no van bien, nunca han ido bien», mencionando que, a lo largo de la historia, siempre ha existido algo que permite a la humanidad seguir adelante. Criticó las declaraciones de los políticos, afirmando que «nunca dicen nada» y que es incierto dónde se toman decisiones que conllevan consecuencias graves.
En su discurso, se refirió a la etiqueta de «maestro del apocalipsis» que le asignó la intelectual Susan Sontag, explicando que, para él, el apocalipsis no es un evento final, sino un proceso continuo de «caer y levantarse». Bromeó sobre el título, señalando que «maestro» es quizás una exageración.
En cuanto a su relación con el fallecido director de cine Béla Tarr, resaltó que fue un amigo hasta el final y que su forma de trabajar era bastante exigente, tanto con los demás como consigo mismo. Recuerda que, durante su juventud, creía que la revolución radical era la solución a los problemas del mundo, pero que con el tiempo ha adoptado una visión más matizada, reconociendo que siempre ha existido «gente mala» como Vladimir Putin.
El escritor recordó cómo, en su juventud, su Hungría natal se convirtió en un «teatro de títeres del Kremlin» durante la era comunista, destacando el idealismo que muchos húngaros sentían hacia Europa occidental. Relató el impacto emocional que le causó salir de su país por primera vez, una experiencia que marcó su perspectiva sobre el mundo.
Krasznahorkai defendió el arte como un medio de conexión y libertad, alertando sobre el riesgo de quedar atrapados en un mundo dominado por la tecnología. Reconoció que su enfoque contrasta con el pensamiento predominante. La editora de Acantilado, Sandra Ollo, comentó que su obra tiene la capacidad de dejar huella en los lectores, mientras que su editora en catalán, Mariona Bosch, destacó la profundidad y complejidad de su literatura, que invita a la reflexión.
































































































