El barrio conocido como El Infierno en Donostia ha suscitado curiosidad entre sus habitantes debido al nombre de una nueva promoción de viviendas denominada Zeruene. Algunos vecinos han expresado su descontento, sugiriendo en tono de broma que la elección de un nombre tan singular podría afectar las ventas. Esta reflexión plantea interrogantes sobre la percepción de la zona y su historia.
Investigaciones recientes, como las del vecino Kepa Vicario, han revelado las raíces del apodo «Infierno». Aunque muchas de estas historias parecen más mitos que hechos concretos, ofrecen un vistazo fascinante al trasfondo del nombre. Algunos narran que en el pasado existía una curva muy cerrada y peligrosa en la que ocurrían numerosos accidentes, ganándose el apodo de «punto infernal». Esta situación se modificó con la construcción de la Variante, que eliminó el peligro.
Otra versión sobre el origen del nombre se relaciona con el fuego. En el siglo XIX, se cuenta que hubo una fogata que duró varios días, donde se quemaron árboles talados para construir una carretera que conectaba con Donostia. Aquellos que presenciaron el fuego comentaron que los troncos parecían «arder en el infierno», estableciendo así una conexión con el nombre del lugar.
También circula la historia de un burdel cercano al caserío Belén. Los clientes que acudían al establecimiento, al ser cuestionados sobre su destino, solían responder: «Vamos al infierno». Hay quienes sugieren que la cercanía de ambos lugares influyó en la elección del nombre.
Un descendiente del caserío Belén Berri, Jesús Mari Sagardia, aporta otra narrativa. Según él, sus abuelos viajaban al barrio de El Antiguo para vender productos, utilizando un carro tirado por un caballo. Este animal, que transportaba verduras y frutas, estaba equipado con herraduras forjadas en una herrería local, donde el herrero mantenía una llama constante. Esta combinación de fuego y chispas dio pie a que el área fuera apodada también como «Infierno».
En este contexto, es interesante destacar otras denominaciones relacionadas. Al mirar hacia Oriamendi, se encuentra el caserío Gure Pakea, formando una triada con Belén e Infierno. A esto se suma el Paraíso, un nombre que alude a otro caserío de la zona de Aiete. El Ayuntamiento, en un gesto de homenaje, ha nombrado una calle como «calle Paraíso» en cercanía a Pakea Plaza.
Las historias sobre la toponimia del área no solo se limitan a los nombres de los caseríos. Por ejemplo, se recuerda que el perro de uno de los caseríos fue apodado Poncio, mientras que un vecino de El Antiguo eligió el nombre Caifás para su mascota. Estas anécdotas, que parecen surgir más de la conversación cotidiana que de registros históricos, enriquecen la cultura del barrio y fomentan un sentido de identidad entre sus residentes.
La singularidad del nombre Infierno ha generado un sentido de orgullo entre algunos vecinos, quienes reivindican su historia. En eventos como la Korrika, se hace eco de la frase “Inpernuan ere euskaraz”, destacando la conexión cultural y lingüística del lugar. Mientras la ciudad avanza con nuevas construcciones, el pasado de El Infierno sigue vivo a través de sus historias y leyendas, que forman parte del tejido social de la comunidad.

































































































