El baloncesto puertorriqueño ha sufrido una gran pérdida con el fallecimiento de José “Piculín” Ortiz, quien dejó este mundo a los 62 años tras una lucha contra el cáncer colorrectal. Considerado uno de los mejores pívots de la historia, Ortiz destacó tanto en la Liga ACB como en la NBA, y su legado perdurará en la memoria de los aficionados al deporte.
La noticia fue confirmada por la Federación de Baloncesto de Puerto Rico, que comunicó que el exjugador había estado ingresado en el Hospital Ashford de San Juan desde el 1 de mayo. Durante su estancia, estuvo rodeado de su esposa, Sylvia Ríos, y su hija, Neira, así como de amigos y familiares que se acercaron para brindar su apoyo en sus últimos momentos.
Piculín inició su carrera en la Escuela Superior Benjamin Harrison de Cayey, donde ganó su apodo debido a sus travesuras. Con una impresionante carrera que se extendió desde 1981 hasta 2006, el pívot tuvo la oportunidad de jugar en equipos destacados, incluyendo el CAI Zaragoza, el Real Madrid, y el Barcelona, así como en el equipo nacional de Puerto Rico en cuatro ediciones de los Juegos Olímpicos.
Su salto a la NBA se dio cuando los Utah Jazz lo seleccionaron en el número 15 del draft de 1987. Ortiz representó a los Jazz entre 1988 y 1990, después de haber compartido vestuario con grandes figuras en el baloncesto universitario como Gary Payton en los Oregon State Beavers. Su carrera lo llevó a jugar en ligas europeas, destacándose en equipos griegos como el Gymastikos Larissas y el Iraklis Creta.
Además de su carrera como jugador, Piculín también se aventuró en la política, al postularse para el distrito de San Juan-Guaynabo en las elecciones generales de Puerto Rico de 2008. No obstante, pronto abandonó su carrera política y se dedicó a promover el baloncesto mediante la creación del Instituto de Baloncesto Piculín Ortiz en su pueblo natal de Cayey.
La comunidad baloncestística ha rendido homenaje a Ortiz tras su fallecimiento, recordando no solo sus logros deportivos, sino también su gran carácter y su amor por el baloncesto. «Hoy Puerto Rico pierde más que un atleta. Pierde una leyenda», afirmó la Federación de Baloncesto de Puerto Rico, resaltando la influencia que tuvo en las nuevas generaciones de jugadores. Su legado, que incluye innumerables alegrías y un orgullo inquebrantable por su nación, permanecerá vivo en cada cancha que él pisó.
Los aficionados y compañeros de equipo se reúnen para honrar su memoria, asegurando que su impacto en el deporte y en la cultura puertorriqueña será recordado por siempre. La trayectoria de Piculín Ortiz no solo se mide en puntos y rebotes, sino en el ejemplo que dejó para futuras generaciones de atletas y para todos aquellos que soñaron con hacer del baloncesto su vida.






























































































