Se ha publicado por primera vez la correspondencia mantenida entre Camilo José Cela y Lolita Franco durante el periodo de 1934 a 1943, bajo el título ‘De lo mundano y lo sublime’. Este epistolario revela un Cela «sin máscaras» y «inseguro», además de resaltar la figura de Lolita Franco como una de las grandes intelectuales de su tiempo, según comentó Francisco Javier Expósito, responsable de literatura de la Fundación Banco Santander, que ha llevado a cabo la publicación.
En estas cartas se perciben elementos de amor platónico, amistad profunda y un compromiso literario que abarca desde los últimos años de la II República hasta el éxito de Cela con su obra ‘La familia de Pascual Duarte’ en 1942, pasando por los estragos de la Guerra Civil. Expósito destacó el contexto histórico y las emociones que atraviesan las misivas, marcadas por un periodo convulso.
Lolita Franco solo publicó un libro titulado ‘España como preocupación’, prologado por Azorín en 1944, el cual fue fundamental para su generación. Tras su matrimonio con el filósofo Julián Marías, tuvo cinco hijos, y su carrera literaria quedó truncada. Sin embargo, su influencia sobre Cela fue notable, pues ella fue una de sus referencias intelectuales.
El catedrático Adolfo Sotelo, director de la cátedra que lleva el nombre de Cela, ha indicado que ambas familias tenían amistad y que se conocieron en un verano de 1934, tras un incendio que afectó la residencia de los Cela en Las Rozas. Franco, en ese momento, era alumna de Ortega y Gasset y mantenía relaciones con figuras como Pedro Salinas y María Zambrano, quien recomendó a Cela que la leyera.
Sotelo enfatizó que Lolita no fue una figura secundaria, sino clave en la formación de Cela. En una carta, ella le aconseja: «Céntrate en ti mismo y búscate» y le anima a buscar inspiración en su mundo interior antes de intentar abarcar el mundo exterior. Estas recomendaciones muestran la cercanía y el vínculo que existía entre ambos.
En una misiva fechada el 13 de enero de 1937, Cela intenta consolar a Franco tras la muerte de su hermano, fusilado durante la guerra. A pesar de la barbarie del conflicto, Cela expresa que «los almendros y los manzanos seguirán cubriéndose de flores todas las primaveras», una metáfora de esperanza en medio de la adversidad. Sin embargo, su carácter melancólico también se manifiesta cuando lamenta haber visto a Franco y se siente «profundamente triste» por su ausencia.
Sotelo subrayó que Franco representaba «su referente de estabilidad» en una etapa compleja de su vida. Además, recordó que Cela dedicó varios poemas de su primer libro, ‘Pisando la dudosa luz del día’, a Lolita, aunque estas dedicatorias se eliminaron en ediciones posteriores. La presentación del libro contó con la presencia de Miguel Marías, hijo de Lolita y Julián Marías, quien expresó que esta publicación le permitiría conocer aspectos desconocidos de su madre.
Miguel Marías mencionó que, siendo la mayor de once hermanos, su madre tuvo que asumir responsabilidades que la llevaron a sentirse «hasta la coronilla». A pesar de las dificultades, caracterizaba a su madre como «hiperprotectora». La vida de Franco estuvo marcada por el compromiso con sus ideales, pues tanto ella como su esposo se negaron a firmar la declaración de adhesión al régimen.
El descubrimiento de esta correspondencia no solo lanza luz sobre la relación entre dos figuras literarias importantes, sino que también abre una ventana a un periodo turbulento de la historia de España. La publicación de este epistolario puede contribuir a una mejor comprensión del legado cultural y humano de Cela y Franco, así como del contexto histórico en el que vivieron y crearon. La relación epistolar entre ambos se perfila como un testimonio valioso de las emociones y las inquietudes de una generación marcada por la guerra y la búsqueda de identidad.






























































































