Donostia se llenó de alegría este lunes tras recibir a los campeones de la Copa del Rey de fútbol 2026. La Real Sociedad celebró su victoria en un emocionante partido contra el Atlético de Madrid, que terminó con un empate 2-2 y se decidió en una tanda de penaltis. Con este triunfo, el equipo txuri-urdin logra su cuarta copa, igualando así al Real Unión de Irún como el club más laureado de Gipuzkoa. Más de 100.000 personas se congregaron en las calles para rendir homenaje a su equipo, disfrutando de una celebración que incluyó agradecimientos y conciertos, prolongando la festividad que comenzó el sábado.
Este evento marca un hito, ya que es la primera celebración masiva en 38 años y 10 meses de un triunfo de la Real Sociedad. La última vez fue en 1987, en una Copa del Rey también disputada contra el Atlético de Madrid, que se resolvió en una tanda de penaltis. En esa ocasión, el equipo donostiarra se alzó campeón tras una notable trayectoria. Aunque la Real Sociedad ganó la Copa del Rey en 2020, la pandemia impidió que los aficionados pudieran celebrar en las calles.
Una residente de Lasarte-Oria compartió su nostalgia por la victoria de 1987, recordando cómo los jugadores se repartieron para celebrar en los pueblos. Aunque reconoce que la forma de festejar ha cambiado con la tecnología actual, enfatiza la importancia de mantener vivas estas tradiciones. En contraste, su recuerdo de la celebración de 2020 fue negativo por las restricciones impuestas por la COVID-19. “Fue fatal”, comentó, expresando su satisfacción por volver a experimentar una celebración colectiva.
Los jugadores de la Real Sociedad realizaron un recorrido en autobús descapotable desde el estadio Reale Arena, a las 18:00 horas, hasta el Ayuntamiento, transitando por las principales avenidas de la ciudad como la avenida de Madrid y la calle Urbieta. Los donostiarras y guipuzcoanos cantaron y animaron al equipo durante el trayecto. Una estudiante estadounidense, que reside en Donostia para aprender español, expresó su honor de compartir ese momento con la comunidad local.
Para garantizar la seguridad en la celebración, se establecieron vallas a lo largo del recorrido del autobús. Un total de 340 efectivos, entre la Ertzaintza y la Guardia Municipal de Donostia, se encargaron del operativo de seguridad. De estos, 250 agentes pertenecieron a la Ertzaintza, mientras que la Guardia Municipal aportó 65 efectivos, más otros 25 de Movilidad.
En el parque Alderdi Eder, la emoción se palpó mientras los asistentes esperaban la llegada del autobús. Una actuación sorpresiva de la cantautora vasca Süne animó el ambiente durante 45 minutos, deleitando a los presentes. Al mismo tiempo, el autobús de los jugadores avanzaba, acompañado de tamborradas infantiles que alegraban el momento junto a Txurdin, la mascota del equipo.
Una vez completado el recorrido, los jugadores llegaron al Ayuntamiento, donde fueron recibidos por el lehendakari Imanol Pradales, la diputada general Eider Mendoza y el alcalde Jon Insausti. Desde el balcón, la plantilla fue aclamada por los aficionados, levantando el trofeo en señal de victoria, con el portero Marrero recibiendo especial reconocimiento por su actuación destacada en el partido.
El capitán del equipo, Mikel Oyarzabal, expresó su gratitud hacia los seguidores por su apoyo constante durante la temporada. Su compañero Marrero también dedicó palabras a los trabajadores del club. Además, el entrenador estadounidense, Pellegrino Matarazzo, sorprendió a todos al leer un discurso en euskera, destacando el significado de ser parte de la Real Sociedad y agradeciendo a la afición por su respaldo.
La jornada finalizó con una emotiva celebración, donde el equipo levantó nuevamente la copa, rodeado de confeti y con la famosa canción “We Are the Champions” sonando de fondo. Donostia se unió en euforia, disfrutando del éxito de su equipo. Aritz Elustondo, defensa del equipo, presentó a cada jugador, añadiendo humor y reflejando la camaradería del vestuario. Los presentes, entre cánticos y bailes, compartieron la sensación de haber vivido un momento memorable, con la esperanza de que estas victorias se repitan en el futuro.
































































































