La ciudad de San Sebastián vivió una tarde-noche inolvidable en la que aproximadamente 100.000 personas se reunieron en los jardines de Alderdi Eder para celebrar la reciente victoria de la Real Sociedad en la Copa del Rey. El triunfo, obtenido el pasado sábado en Sevilla frente al Atlético de Madrid, desató una oleada de euforia entre los aficionados, quienes abarrotaron la zona, creando un ambiente festivo y lleno de emoción.
La conexión entre el equipo y la ciudad se hizo palpable mientras los jugadores se asomaban al balcón del Ayuntamiento para compartir el trofeo con sus seguidores. Este momento marcó un hito para la afición, que anhelaba celebrar un título en público tras la victoria de 2021, donde la pandemia impidió una celebración masiva. La emoción se desbordó con cada lanzamiento de penalti y cada parada clave, siendo Pablo Marín y Unai Marrero figuras destacadas de esa memorable final.
El entrenador, Pellegrino Matarazzo, recibió una cálida ovación por parte de los aficionados, quienes reconocen su papel en la consecución de este título. Durante la celebración, Matarazzo se mostró cercano y entregado, firmando camisetas y posando para fotos, lo que consolidó su estatus como uno de los nuevos ídolos de la hinchada. La afición apreció su habilidad para unir a un grupo que ha demostrado un gran espíritu de lucha en el campo.
El recorrido del autobús que transportaba a los campeones comenzó en el estadio de Anoeta a las 18:00 horas. El trayecto incluyó un recorrido por algunos de los puntos más emblemáticos de la ciudad, como la Avenida de Madrid, la Plaza del Centenario y el Boulevard, llegando a su destino en torno a las 19:00 horas. En este trayecto, la afición no dejó de animar y mostrar su apoyo a los jugadores, creando una atmósfera de celebración colectiva.
Una vez en la calle Ijentea, se realizó un emotivo Aurresku de honor, bailado por los dantzaris Claudia Erentxun y Josu Sagardia, frente a un elenco de personalidades como el capitán Mikel Oyarzabal, el lehendakari Imanol Pradales, y el alcalde Jon Insausti. Este momento simbolizó la unión entre el equipo y la comunidad local, dejando claro que el triunfo de la Real no es solo un logro deportivo, sino un motivo de orgullo para todos los guipuzcoanos.
El alcalde Insausti expresó su felicidad ante la multitud, afirmando que San Sebastián es ahora «la ciudad más feliz del planeta». Su convicción de que la copa llegaría a la ciudad se vio reflejada en la alegría de los asistentes, quienes compartieron lágrimas y risas durante la celebración. La fiesta no solo conmemoró un trofeo, sino que representó un momento de catarsis para una afición que había esperado pacientemente su oportunidad de celebrar en grande.
La jornada culminó en el balcón del Ayuntamiento, donde Oyarzabal, visiblemente emocionado, levantó el trofeo y dedicó palabras de agradecimiento a la afición. «Esto va por vosotros», expresó, resaltando la importancia del apoyo recibido. Este momento fue seguido por una explosión de alegría, con jugadores y aficionados compartiendo una fiesta que quedó grabada en la memoria colectiva de la ciudad.
Finalmente, a medida que las luces de Alderdi Eder se reflejaban en la Bahía de La Concha, se consolidó el sentimiento de que la Real Sociedad es más que un club de fútbol; es una parte integral de la identidad guipuzcoana. Cada aficionado se retiró a casa con la certeza de que este trofeo no solo descansa en una vitrina, sino que tiene un lugar especial en el corazón de todos los que siempre han creído en el equipo.































































































