El baloncesto español ha perdido a una de sus figuras más emblemáticas. Moncho Monsalve, quien dejó una huella imborrable en la historia de este deporte, falleció a los 81 años. Nacido en Medina del Campo, su trayectoria se vio marcada por su conexión con Donostia, donde desarrolló gran parte de su carrera, tanto como jugador como entrenador.
Monsalve comenzó su andadura deportiva en la Universidad Laboral de Sevilla, donde exploró varias disciplinas antes de encontrar su verdadera pasión en el baloncesto. Su familia se trasladó a Donostia, lo que le permitió unirse al Atlético San Sebastián a los 17 años, donde empezó a destacar rápidamente. Su rendimiento no pasó desapercibido, y en 1963 fue fichado por el Real Madrid.
Durante su etapa como jugador en el club blanco, Monsalve logró un notable éxito, alzando tres Copas de Europa, tres Ligas y tres Copas del Rey. Este periodo, que abarcó desde 1963 hasta 1967, lo consolidó como un referente en el baloncesto español, formando parte de un equipo legendario que dejó una huella profunda en la afición. La anécdota de su fichaje es curiosa; fue descubierto en los Sanfermines de 1961 por alguien del club que notó su imponente altura.
Tras su paso por el Real Madrid, Monsalve continuó su carrera en el Kas Vitoria, donde se destacó como un anotador sobresaliente, llegando a anotarle a su excompañero Clifford Luyk el título de máximo anotador del campeonato. Sin embargo, su prometedora carrera se vio truncada a los 26 años por problemas en la rodilla, lo que le llevó a retirarse prematuramente. A pesar de este contratiempo, su amor por el baloncesto lo llevó a una exitosa carrera como entrenador.
Comenzó su trayectoria en los banquillos con el Mataró, donde logró ascender al equipo a la máxima categoría. Su carrera como entrenador le llevó a dirigir a varios clubes de renombre como el FC Barcelona, CB Zaragoza, CB Murcia y CB Málaga, entre otros. También fue seleccionador de diferentes países, incluyendo Marruecos, la República Dominicana y Brasil, llevando a este último a conseguir la medalla de oro en el Campeonato FIBA Américas de 2009.
A lo largo de su vida, Monsalve mantuvo un fuerte vínculo con Donostia. A pesar de sus compromisos fuera de Gipuzkoa, siempre regresaba a la ciudad para disfrutar de su gente y sus tradiciones. Además, participaba activamente en charlas y campus de baloncesto, contribuyendo a la formación de nuevas generaciones de jugadores y entrenadores. Su legado perdurará en el corazón de aquellos que lo conocieron y admiraron su pasión por el deporte.
La figura de Moncho Monsalve será recordada como un pionero y un apasionado del baloncesto, tanto en la cancha como fuera de ella. Su trayectoria ha dejado una profunda impresión en el mundo del deporte y su contribución al baloncesto español es innegable. La comunidad deportiva de Gipuzkoa y más allá homenajeará su memoria, recordando su impacto en la historia de este deporte.

































































































