La situación en el estrecho de Ormuz ha vuelto a ser motivo de tensión tras el anuncio del régimen iraní que, menos de un día después de haber comunicado su reapertura, ha decidido cerrar nuevamente este corredor vital para el tráfico de petróleo. Esta decisión afecta a una ruta marítima por la que transita aproximadamente el 20% del crudo que se consume a nivel global, lo que genera inquietudes en los mercados internacionales.
El Gobierno Vasco ha observado con preocupación esta escalada, ya que la inestabilidad en esta región del Medio Oriente puede tener repercusiones en la economía global, incluida la de Gipuzkoa. El teniente coronel Ebrahim Zolfagari, portavoz del Cuartel General Central Jatam al Anbiya, ha afirmado que el control sobre el estrecho vuelve a estar «bajo una estricta gestión y control por parte de las fuerzas armadas». Este cambio coincide con un alto el fuego que se mantiene vigente hasta el 22 de abril.
Teherán ha justificado su decisión como una respuesta al bloqueo naval que Estados Unidos impuso en la zona desde el 13 de abril, al que el régimen iraní ha calificado como un acto de «piratería». Mientras tanto, el Comando Central de EE.UU. ha confirmado que el bloqueo sigue activo, lo que ha causado que al menos 23 barcos iraníes sean forzados a regresar a sus puertos de origen, complicando aún más la situación.
La recuperación de la actividad marítima en Ormuz ha sido abruptamente interrumpida, y la Armada del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica ha advertido que «ninguna embarcación deberá moverse de su fondeadero en el golfo Pérsico o en el mar de Omán». Cualquier intento de acercarse al estrecho sería considerado como un acto de colaboración con el enemigo, lo que podría llevar a represalias.
La tensión aumentó aún más cuando, horas después del nuevo cierre, un buque tanque fue atacado por lanchas de la Guardia Revolucionaria. A pesar del incidente, las primeras informaciones indican que la tripulación del buque se encuentra a salvo. Este ataque fue seguido de otros incidentes que involucraron a barcos mercantes en la misma área, lo que refleja un clima de inseguridad en la navegación en esta zona estratégica.
El estrecho de Ormuz, delimitado al norte por Irán y al sur por Omán y los Emiratos Árabes Unidos, representa un canal esencial en la economía mundial, debido a su capacidad para manejar grandes volúmenes de petróleo. En 2025, se estima que pasaron por el estrecho unos 20 millones de barriles de petróleo y productos derivados cada día, lo que equivale a un comercio energético valuado en casi 600.000 millones de dólares al año.
A pesar de las tensiones en el estrecho, las autoridades en Líbano parecen mantener el alto el fuego, aunque no sin incidentes. Los medios estatales han informado de un ataque israelí en el sur del país que dejó un muerto, lo cual podría poner en peligro la tregua. Esto se suma a la complejidad de la situación regional, donde las dinámicas de poder y las tensiones entre diferentes actores son constantes.
El impacto del cierre del estrecho de Ormuz en los mercados de petróleo es inmediato. La noticia de la reapertura inicial provocó una caída en los precios, pero el reciente cierre podría revertir esta tendencia, lo que podría resultar en un aumento de los costos de los combustibles. La incertidumbre persiste, y tanto los analistas como los responsables políticos del Gobierno Vasco continúan evaluando las posibles consecuencias de esta crisis en el comercio internacional.
En medio de esta crisis, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha declarado que la ruta sigue abierta, generando confusión y dudas sobre la veracidad de las informaciones provenientes de Irán. La situación es volátil, y el futuro del tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz sigue siendo incierto mientras las tensiones geopolíticas continúan en aumento.

























































































