En Martutene, un vecino ha manifestado su preocupación por la situación de un árbol en la calle Tranbia 37, señalando que lleva dos años advirtiendo al Ayuntamiento a través de Parques y Jardines. Según su denuncia, el árbol está en estado crítico, a punto de caerse, lo que representa un peligro en caso de un temporal. El denunciante espera que el responsable municipal tome medidas antes de que ocurra una desgracia.
Por otro lado, otra vecina, Begoña Gárate, ha expresado su descontento respecto al mal estado de una acera en el Paseo de Bizkaia. A pesar de un accidente previo en el que una anciana se cayó y que resultó en una indemnización por parte del Ayuntamiento, las baldosas siguen en mal estado y llenas de charcos. Gárate hace un llamado para que se realicen las reparaciones necesarias de manera urgente.
En el ámbito del transporte público, Ana S. D. ha denunciado las irregularidades en la normativa que afecta a los animales de compañía en la línea Donostia-Aeropuerto de Loiu. Según su exposición, mientras las aerolíneas permiten que los animales de menos de 8 kilos viajen en cabina, el autobús los obliga a ser transportados en la bodega, lo que es inapropiado y perjudicial para su bienestar. La falta de coordinación entre las normativas actuales y los estándares de las aerolíneas complica el uso del transporte público para los dueños de mascotas, forzándolos a optar por el uso del vehículo privado, lo que contradice las políticas de movilidad sostenible.
En respuesta a un comentario sobre el abandono de los barrios periféricos, Ramón ha criticado tanto al Ayuntamiento como a las asociaciones vecinales por su ineficacia. A pesar de reconocer que las quejas sobre aceras y jardines son válidas, también ha defendido el derecho al descanso de los más de 3.500 vecinos del barrio de Amara Berri, quienes llevan más de trece años luchando por sus derechos.
Finalmente, J. L. ha comentado sobre la reducción de los ladridos de un perro en Arbaizenea, señalando que las quejas iniciales parecen haber tenido algún efecto. Sin embargo, el can sigue causando molestias a los vecinos, lo que afecta la calidad de vida en la zona.
























































































