El exjugador de la Real Sociedad y del Atlético de Madrid, Roberto López Ufarte, desveló en una reciente entrevista su deseo antes de la final de la Copa del Rey: “Más que un pronóstico, un deseo. Me conformaría con el mismo resultado que en la final de 1987 (2-2) y ganar en la tanda de penaltis”. Su anhelo se hizo realidad en el estadio de La Cartuja, donde los txuri-urdin lograron una victoria que no solo representa un nuevo trofeo, sino también un lazo histórico con el pasado.
Aquella noche del 27 de junio de 1987 en La Romareda es recordada por los aficionados, ya que fue el último partido de López Ufarte con la Real antes de fichar por el club colchonero. Tras casi cuatro décadas, el deseo del jugador de origen marroquí se cumplió, y la actual plantilla de la Real tuvo la oportunidad de revivir una gloria similar a la que él vivió.
El encuentro comenzó de forma prometedora para los aficionados guipuzcoanos, ya que López Ufarte marcó el primer gol en el minuto 9 con una sutil definición. Sin embargo, el Atlético, dirigido por Luis Aragonés, logró empatar en el minuto 24 gracias al uruguayo Jorge Da Silva. A pesar de este contratiempo, la Real volvió a adelantarse antes del descanso con un gol de un joven Txiki Begiristain, lo que reflejó la capacidad del equipo para recomponerse en momentos difíciles.
La segunda mitad fue un desafío para la Real, que sufrió el calor de Zaragoza y la presión de un Atlético volcado en busca del empate. Este llegó en el minuto 74, cuando Rubio ejecutó una falta que se coló en la escuadra, estableciendo el 2-2 definitivo. Similar a lo que presenciamos en la reciente final, donde un golazo de Mikel Oyarzabal empató el partido tras un penalti cometido por el portero atlético Musso.
La prórroga se convirtió en un juego de nervios, donde el miedo a perder y el agotamiento físico marcaron el ritmo. En ambos encuentros, el desenlace se tuvo que decidir en la tanda de penaltis, un momento que ya es parte de la historia del club. En 1987, Luis Arconada se convirtió en héroe al detener el penalti decisivo, una hazaña que fue replicada esta vez por Unai Marrero, quien lucía una camiseta inspirada en la del legendario portero.
Con un ambiente de tensión palpable, los lanzadores de la Real, como Bakero, Mujika, Begiristain y Larrañaga, ejecutaron sus tiros con precisión. En contraste, la presión pesó sobre el Atlético, que vio como Da Silva fallaba su penalti, dejando la última oportunidad en manos del capitán realista. La Romareda fue testigo del momento culminante cuando Arconada, en 1987, adivinó la intención de Quique Ramos y detuvo el penalti, desatando la euforia entre los seguidores de la Real Sociedad.
La victoria no solo añade un nuevo trofeo a las vitrinas del club, que ahora suma su cuarta Copa del Rey, sino que también simboliza una conexión especial entre el pasado y el presente. La Real ha tejido así una narrativa que trasciende el tiempo, reafirmando su lugar en la historia del fútbol español y ofreciendo a sus seguidores un nuevo capítulo de gloria en un contexto que recuerda a sus hazañas pasadas.






























































































