En una semana que celebra el Día del Libro, surgen historias que, aunque no se exhiben en vitrinas ni aparecen en listas de ventas, tienen un profundo significado. Estas narrativas emergen gradualmente, en un proceso íntimo y silencioso, especialmente en el taller de escritura creativa para personas mayores que dirige la escritora Josune Murgoitio en Aretxabaleta. Este taller permite a quienes han vivido experiencias significativas, pero no siempre han tenido la oportunidad de compartirlas, expresarse.
Murgoitio explica que siempre le ha fascinado la idea de poder leer un libro escrito por sus propios abuelos. Con esa motivación, lanzó una iniciativa en la asociación de personas jubiladas Basotxo, donde un grupo reducido comenzó a poner en palabras sus recuerdos desde octubre. Al principio, muchos se sintieron inseguros sobre su capacidad para lograrlo. Sin embargo, a lo largo del proceso, han comenzado a ver resultados. La autora, originaria de Arrasate, subraya que más que buscar inspiración, lo que realmente requiere la escritura es disciplina. Se reúnen una vez por semana, los jueves de 11.00 a 12.00 horas, para leer en voz alta, compartir sus avances y continuar desarrollando sus relatos.
Uno de los participantes, José Manuel García, llegó al taller sin experiencia previa en escritura. Recuerda que en su juventud, la norma era escribir cartas a las chicas, lo que contrasta con la actualidad. Ahora, está trabajando en la primera versión de su relato. Aunque Murgoitio lo anima afirmando que “lo más difícil está hecho”, García se muestra más reservado y menciona que no se siente cómodo llamando a su trabajo un libro. Su texto, más que seguir una estructura literaria clásica, es un mosaico de momentos vitales que entrelazan diversas experiencias de su vida.
El relato de García abarca desde su infancia en un entorno «natural, casi salvaje» hasta su traslado a Aretxabaleta a los 24 años, luego de una breve estancia en Madrid. A lo largo de su vida, ha participado en diversas actividades como el rugby, el ciclismo y la hípica, y se enorgullece de haber sido uno de los primeros en involucrarse en esas iniciativas. Sin embargo, reconoce que hay aspectos de su vida familiar que ha decidido no abordar en sus escritos, por respeto a su familia. «Son cosas personales», aclara, subrayando que su intención es que sus nietos puedan algún día decir: “mira, la historia del abuelo”. Por ahora, su relato tiene un carácter privado.
Más allá de las historias individuales, este taller contribuye a la construcción de una memoria colectiva. Murgoitio señala que ha aprendido mucho de sus alumnos y expresa el deseo de ver algún día publicadas sus obras. Para ella, la experiencia ha sido enriquecedora y destaca la importancia de crear un ambiente tranquilo donde se cuiden los detalles de la escritura, lo que le permite acercarse a realidades diversas y descubrir curiosidades y tradiciones que antes desconocía.
La interacción entre las vivencias personales de los participantes y los cambios sociales que han experimentado sus comunidades se entrelaza inevitablemente en sus relatos, reflejando la historia de los pueblos en los que han vivido y la evolución del cooperativismo en la zona. La escritura se convierte así en un ejercicio de autoestima y de expresión, una manera de “anclar la memoria y expresar lo interior”, según Murgoitio. Aún queda camino por recorrer en el proceso: correcciones, ajustes y la elaboración de la versión final.
García vuelve al inicio de su proceso creativo, comenzando cada relato con “A mis 79 años…”, lo que marca el comienzo de su biografía. Mientras tanto, el taller continúa adelante, manteniendo sus puertas abiertas e invitando a más personas a adentrarse en esta experiencia en la que cada relato encuentra su propio ritmo y espacio.





























































































