Ander Urkia, originario de Eibar y nacido en 1996, no creció en un caserío, pero desde su infancia anhelaba vivir en uno. Actualmente, reside en el caserío Amazabalegi, donde cultiva verduras al aire libre desde hace seis años, mientras gestiona su trabajo en el Club Deportivo de Eibar en tareas de organización y administración. Este año, ha dado un paso significativo al unirse al programa Baserritar Misto Profesionala, impulsado por la Diputación Foral.
Su camino hacia la agricultura fue poco convencional. Urkia se formó en la Escuela de Armería de Eibar y, tras trabajar durante un año en un taller, decidió que esa no era la vida que quería. “Trabajé un año en un taller y no me gustó nada”, comparte. Sin embargo, su vida dio un giro cuando, a los 20 años, se trasladó a Azkoitia para trabajar en el caserío de un familiar. “Me fui con mi tío a trabajar en el caserío Katalotza, y rápidamente me di cuenta de que era la vida que buscaba”, rememora con entusiasmo.
Desde temprana edad, su vínculo con la agricultura ya era evidente. “Desde los 13 años he tenido un huerto en una chabola del centro de Eibar, y ahí empecé a cultivar verduras”, menciona. Esas primeras experiencias en su pequeño huerto sentaron las bases de una pasión que más tarde se convertiría en su proyecto de vida. Tras su experiencia en Azkoitia, regresó a Eibar y comenzó a trabajar en el sector de la hostelería, específicamente en el bar Guridi, aunque seguía dedicando tiempo a su huerto.
A los 24 años, alcanzó un hito importante al decidir vender sus productos. “Ya me había comprado el caserío y empecé a bajar mis productos al bar y los ofrecía a la gente”, recuerda entre risas. Al principio, sus ventas eran principalmente a familiares y clientes del bar, pero con el tiempo, la demanda fue en aumento. “El año pasado, un amigo que es frutero me dijo a ver si podía tener mis productos a diario, nos sentamos a hablar y vimos qué podíamos hacer”, explica Urkia sobre cómo su negocio comenzó a tomar forma.
La convivencia de sus dos actividades, la del bar y la del caserío, define su rutina diaria. “Las horas extras en el bar se me hacen largas, pero en el caserío no”, reconoce. A pesar del esfuerzo que implica compaginar ambas labores, nunca ha tenido problemas de compatibilidad. “Desde el bar nunca me han puesto pegas y han entendido mi postura”, asegura, destacando el apoyo recibido tanto en su trabajo como en su emprendimiento agrícola.
Hoy en día, Urkia comercializa sus productos directamente a los clientes, cultivando todo al aire libre. Utiliza WhatsApp para enviar a sus clientes la oferta del día y preparar cestas personalizadas. Este crecimiento en la demanda lo llevó a buscar una mayor profesionalización en su actividad. “Vi que la producción y los pedidos iban a más y pensé que era el momento de profesionalizarlo”, afirma, lo que le llevó a unirse al programa Baserritar Misto Profesionala, que permite equilibrar su trabajo con la actividad agraria ajustando su jornada laboral.
Urkia considera que este programa es ideal para aquellos que quieran iniciarse en el sector agrícola sin abandonar su empleo actual. “Recomiendo el programa a cualquiera que esté dudando si vivir del caserío es buena idea”, señala. Asimismo, valora la iniciativa de la Diputación Foral por su compromiso en preservar los caseríos en Gipuzkoa.
Mientras avanza en su proyecto, Ander se toma su tiempo, prefiriendo un crecimiento gradual. “Me gusta crecer poco a poco, y según consigo compaginar las tareas, voy añadiendo otras”, concluye. Desde su caserío, vive un sueño que lo conecta con su infancia y sus anhelos más profundos.
El programa Baserritar Misto Profesionala tiene como objetivo facilitar que nuevas generaciones se dediquen al sector primario sin renunciar a su estabilidad laboral. Este proyecto permite a los participantes reducir su jornada laboral hasta un 50% para dedicar ese tiempo al trabajo en sus caseríos, impulsando así un relevo generacional en la agricultura que se había vuelto esencial.
La Diputación Foral espera que esta iniciativa, que cuenta con un presupuesto de 600.000 euros, ayude a crear una nueva figura profesional que combine la agricultura con otras ocupaciones. La convocatoria, abierta durante todo el año, busca facilitar que más personas puedan dar el paso hacia una actividad agraria profesional sin renunciar a sus fuentes de ingresos actuales.
































































































