El Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona ha realizado con éxito la implantación del marcapasos más pequeño del mundo en una recién nacida llamada Amira, quien pesaba solo 2,1 kilos. Esta intervención se llevó a cabo debido a una grave bradicardia detectada durante el embarazo, que dejó al corazón de la bebé en condiciones críticas. Después de nacer, Amira fue sometida a un marcapasos temporal mientras se buscaba una solución definitiva.
La doctora Georgia Sarquella-Burgado, jefa del Servicio de Cardiología Pediátrica del hospital, destacó que este avance no debe considerarse un milagro, sino un resultado de la ciencia y la cooperación. La situación de Amira, cuyo corazón latía a 55 pulsaciones por minuto en lugar del rango normal de 120 a 140, fue crítica desde antes de su nacimiento. Se decidió adelantar el parto al observar una evolución negativa en su estado.
La escasez de tecnología adecuada para pacientes tan pequeños complicó el panorama. Sarquella enfatizó que los dispositivos existentes son inadecuados para bebés con un peso tan bajo, y esta es una necesidad recurrente en el campo de la pediatría. La búsqueda de una solución comenzó casi un año antes, cuando Sarquella asistió a una reunión donde planteó el desafío de crear un micro marcapasos para un corazón diminuto. Durante ese evento, un ingeniero de origen iraní mostró interés y, aunque inicialmente se mostró escéptico, se comprometió a ayudar tras escuchar el caso de Amira.
El ingeniero y su equipo comenzaron a trabajar intensamente en el desarrollo del dispositivo en abril de 2025, a pesar de que no había expectativas de retorno económico, solo el deseo de salvar una vida. Sarquella fue clara sobre la necesidad de que el proyecto se llevara a cabo sin la intención de lucrarse. Con el respaldo del director general de la empresa, se destinaron importantes recursos al desarrollo del marcapasos.
En los días previos al parto, Sarquella viajó a Estados Unidos para colaborar directamente con el ingeniero en la creación del prototipo. Este proceso exigió un ajuste extremadamente minucioso para garantizar que el dispositivo funcionara sin interferencias eléctricas. «Era un trabajo artesanal a escala microscópica», resumió Sarquella, subrayando la importancia de cada uno de los detalles. El dispositivo fue completado a finales de diciembre, justo a tiempo para la llegada de Amira.
La intervención quirúrgica tuvo lugar cuando la bebé tenía solo 48 horas de vida. Un equipo de 22 profesionales participó en la operación, donde se implantaron dos micromarcapasos que debían comunicarse en un corazón del tamaño de una nuez. Según Sarquella, el proceso requería una coordinación precisa, comparable a una coreografía: «Había momentos en los que aquello parecía una coreografía de ballet ruso». Finalmente, la operación concluyó con éxito, permitiendo que Amira regresara a casa fuera de peligro.
Este caso resalta no solo los avances en tecnología médica, sino también la colaboración entre diversos profesionales en situaciones de emergencia. La creación de un dispositivo tan específico para una paciente tan pequeña marca un hito significativo en la cardiología pediátrica y plantea nuevas oportunidades para el tratamiento de condiciones similares en el futuro. La historia de Amira no solo es un testimonio de la innovación médica, sino también un recordatorio de la importancia de la ciencia al servicio de la humanidad.































































































