La Real Sociedad conquistó su primera Copa del Rey en 1987 al vencer al Atlético de Madrid en una emocionante tanda de penaltis. El encuentro se llevó a cabo en el estadio de La Romareda, en Zaragoza, el 27 de junio, y finalizó con un empate de 2-2 tras la prórroga. Esta victoria cerró un ciclo glorioso para el club txuri-urdin, que había disfrutado de un éxito sin precedentes en los años anteriores, al haber ganado las ligas de 1981 y 1982, así como la primera Supercopa en la temporada 1981-82.
La plantilla contaba con varios jugadores veteranos que habían sido parte de la mejor generación del club, pero también con jóvenes promesas ansiosas por continuar con la historia de éxitos. Entre los destacados se encontraban Arconada, Larrañaga y Gorriz, junto a nuevos talentos como Txiki Begiristain y Musti Mujika, quienes aportaron frescura y determinación al equipo.
John Toshack, quien asumió el cargo de entrenador en 1985, fue la figura clave que condujo a este grupo hacia la victoria. La temporada fue especialmente larga y complicada, con un formato de liga que incluía un play-off que nunca más se repetiría. Al final, el equipo tuvo que competir en un total de 44 partidos, con la Real y el Atlético terminando en séptima y octava posición, respectivamente, con 47 puntos cada uno.
El partido de la final comenzó con un ambiente caldeado, donde la afición realista tuvo una presencia notable, con más de 20.000 seguidores en las gradas de un total de cerca de 40.000 espectadores. Desde el inicio, la Real mostró su dominio, y Roberto López Ufarte abrió el marcador a los nueve minutos. Sin embargo, el Atlético empató rápidamente gracias a un gol de Da Silva, pero Txiki Begiristain devolvió la ventaja a la Real con un gol que encendió la pasión de los seguidores.
A lo largo de la segunda mitad, el cansancio comenzó a afectar a los jugadores de la Real, permitiendo al Atlético empatar de nuevo con un tanto de Rubio. Al no haber más goles en el tiempo regular, el destino del título se decidiría en la temida tanda de penaltis. En este momento decisivo, la confianza estaba depositada en Arconada, el portero que había sido un baluarte para el equipo toda la temporada.
La tanda comenzó con Bakero y Rubio anotando, seguido por un penalti fallido del Atlético. Después de varias conversiones exitosas, la presión recayó sobre Larrañaga, quien marcó, obligando al Atlético a acertar para seguir con vida. Sin embargo, Arconada desvió el disparo de Quique Ramos, asegurando así la victoria para la Real Sociedad y consolidando su legado en la historia del fútbol español.
Este triunfo no solo significó un trofeo más en su vitrina, sino que reafirmó el estatus de la Real Sociedad como uno de los grandes del fútbol español. Tras esta victoria, el club ha continuado su camino con la esperanza de repetir éxitos y seguir construyendo sobre una rica herencia deportiva que ha cautivado a generaciones de aficionados.





























































































