La federación internacional de rugby, conocida como World Rugby, ha tomado la decisión de cambiar el tamaño de los balones utilizados en la categoría femenina. Este cambio se implementará a partir de competiciones internacionales importantes, como la WXV Global Series que tendrá lugar este otoño y la próxima Copa del Mundo. Las jugadoras utilizarán un balón de la talla 4.5, que es un 3% más pequeño que el tamaño 5 tradicional, aunque conserva el mismo peso reglamentario.
El propósito de esta modificación es adaptar el material a la biomecánica de las jugadoras. Según la entidad, al reducir ligeramente las dimensiones del balón, se busca mejorar la precisión en el juego, facilitar el agarre y minimizar los errores de manejo. Así, se pretende que las deportistas que practican rugby puedan desempeñarse de manera más eficaz en el campo.
Esta medida sitúa al rugby femenino en una línea similar a otras disciplinas deportivas que ya han ajustado sus regulaciones para las competiciones femeninas. Por ejemplo, en el atletismo se han modificado las alturas de las vallas o el peso de los discos, y en el baloncesto, se utiliza un balón de tamaño 6, a diferencia del tamaño 7 que se usa en las competiciones masculinas.
Sin embargo, la reacción de las jugadoras no ha sido positiva. Muchas de ellas argumentan que este cambio repentino podría afectar negativamente a los automatismos técnicos que han desarrollado durante años. Además, hay preocupaciones sobre cómo esta decisión podría influir en la percepción del rugby femenino entre el público. Zoe Harrison, apertura de la selección inglesa, expresó su descontento en una entrevista con la BBC Sport, afirmando que «es la peor decisión que se ha adoptado jamás». También subrayó que la adaptación a un balón más pequeño presenta dificultades, especialmente en el juego al pie: «Al ser más pequeño, no hay la misma superficie para que puedas envolver el pie».
Frente a las críticas, World Rugby se ha comprometido a recopilar información antes de tomar una decisión final. El nuevo balón ya pasó pruebas iniciales en noviembre, donde se evaluó su rendimiento en el circuito de rugby a siete. Ahora, la federación quiere observar su comportamiento en el máximo nivel del rugby a 15, lo que garantizará que la medida se ajuste a las necesidades del deporte.
Mark Harrington, director de bienestar de los jugadores de World Rugby, ha intentado calmar a las deportistas, asegurando que el proceso se está llevando a cabo con la debida atención. «Junto con los jugadores de rugby a siete, analizaremos cuidadosamente las opiniones, la vigilancia de las lesiones y los datos sobre el desarrollo del juego de la WXV Global Series», declaró Harrington. Esta vigilancia indica una intención de hacer cambios fundamentados y de escuchar las preocupaciones de las jugadoras en el proceso.
A medida que la discusión sobre este nuevo balón continúa, será crucial observar cómo se desarrolla la situación en las próximas competiciones. La adaptación de las jugadoras al nuevo equipo y su impacto en el rendimiento general del rugby femenino serán aspectos a tener muy en cuenta. Este momento marca un hito significativo en la evolución del rugby femenino, que busca avanzar hacia una mayor igualdad en el deporte.

























































































