Recientemente se ha confirmado que el proyecto Gipuzkoa Sortzenek, que se planteó como una iniciativa temporal para el desarrollo del rugby en la región, ha llegado a su fin. Este programa, que enfrentó desafíos significativos desde su inicio, fue descartado por la asamblea del Hernani Errugbi Elkartea, lo que marcó un comienzo difícil para su trayectoria.
Desde una perspectiva personal, considero que el futuro del rugby en Gipuzkoa depende de la creación de un equipo que abarque a toda la provincia. Un ejemplo claro de esto es el rendimiento del equipo en la División de Honor Elite, donde, a pesar de haber llegado a la última jornada liderando la clasificación, terminamos perdiendo la mayoría de los partidos en la segunda vuelta, lo que casi nos llevó a descender. Afortunadamente, logramos evitar la pérdida de categoría y competiremos nuevamente el próximo año.
Es importante mencionar que nuestro equipo M23, que es esencial para participar en la DH Elite, se clasificó entre los diez mejores equipos de España, aunque en la última parte de la temporada, la necesidad de contar con jugadores del primer equipo debilitó nuestra plantilla.
Esto subraya la fortaleza de la cantera de Hernani, que ha demostrado ser una de las más sólidas del país. A lo largo de los años, el club ha producido jugadores de gran calidad, como Mikel Pérez, Manex Arizeta, Iker Aduriz, Unax Zuriarrain y Olai Rodríguez, quienes han dejado huella tanto dentro como fuera del club.
Sin embargo, es crucial reconocer que no contamos con los recursos económicos necesarios para mantener esta masa crítica de jugadores. Es probable que sea difícil avanzar más allá de la elite actual, y sostenernos en ella también se presenta como un desafío considerable. Deberíamos aceptar que una comunidad pequeña como la nuestra limita nuestras posibilidades de crecimiento.
Además, existe un riesgo latente relacionado con la captación de nuevos talentos, ya que los jóvenes pueden buscar otros objetivos que nosotros no podemos ofrecerles. Esto podría incrementar la fuga de talentos, poniendo en peligro la estabilidad de nuestro equipo.
Por todo lo anterior, veo cada vez más claro que el futuro del rugby gipuzkoano radica en la formación de un equipo provincial unificado. A corto plazo, no parece haber una alternativa viable para asegurar nuestra supervivencia y permitir un trabajo de calidad. Este proyecto, que ha sido cuidadosamente elaborado, debería ser asumido colectivamente por todos los clubes de rugby de Gipuzkoa, ya que contamos con el potencial suficiente para competir en la 1.ª División Honor con un equipo mayoritariamente formado por jugadores de la región.
A medida que avanzamos, es fundamental mantener el compromiso y la dedicación para garantizar que el rugby en Gipuzkoa siga creciendo y prosperando, ofreciendo siempre un espacio para los jóvenes talentos y fortaleciendo nuestra comunidad deportiva.





























































































