El cineasta Alejandro González Iñárritu ha destacado recientemente su conexión con Euskadi, que se remonta a las raíces familiares de su abuelo, Silverio Iñárritu, quien emigró a México desde Gordexola en 1867. En una conversación, el director de renombre mundial, conocido por obras como «Amores Perros» y «Birdman», compartió que él mismo llegó a Bilbao a los 19 años en un barco de carga, enfrentando los mismos desafíos que muchos migrantes. «Tenía 800 dólares que me dio mi padre y pasé un año trabajando en la vendimia», recordó el cineasta, quien ha ganado cinco premios Oscar y dejó su país hace más de 20 años para vivir en Estados Unidos.
Por estas conexiones, Iñárritu ha elegido iniciar su nueva gira internacional de la instalación de realidad virtual «Carne y arena» en Bilbao. Este proyecto busca reflejar la difícil situación que enfrentan los migrantes en la frontera entre Estados Unidos y México. A pesar de algunos problemas técnicos iniciales, el cineasta ha logrado implementar mejoras en la instalación para potenciar la experiencia inmersiva que ofrece.
«Carne y arena» ha sido reconocida con un Oscar especial en 2017 y ha viajado a diversas ciudades del mundo. Sin embargo, la versión presentada en Bilbao incluye avances tecnológicos significativos, como la eliminación de cables, lo que permite una experiencia más libre y realista. «Hemos realizado calibraciones necesarias para mejorar la instalación», afirmó Iñárritu.
La obra propone a los visitantes una experiencia inmersiva que los coloca en el centro de la travesía de migrantes y refugiados de México y Centroamérica. La instalación ha contado con el apoyo del Ayuntamiento de Bilbao, la Diputación Foral, BBK y EITB, y se sitúa en el plató 5 de la televisión vasca.
En un encuentro con el periodista Mikel Reparaz, Iñárritu reveló que ha dedicado más de nueve años a este proyecto, que surgió de la necesidad de empatizar con las vivencias de los migrantes. «Quiero que la gente entienda el sufrimiento de otros. No se puede amar a alguien sin comprender su situación», comentó. Añadió que «ver no es lo mismo que entender», argumentando que la experiencia vivida en la realidad virtual permite captar el sufrimiento de manera más profunda que las imágenes en pantalla.
El cineasta considera que la instalación adquiere un significado aún más relevante en el contexto actual, donde en Estados Unidos se llevan a cabo redadas por parte de ICE contra inmigrantes indocumentados. Recordó que la primera vez que filmó en el desierto fue el día de la elección de Donald Trump, y se mostró impactado por las historias de esperanza que escuchó de aquellos que, a pesar de las adversidades, buscan una vida mejor.
Iñárritu sostiene que los migrantes son a menudo vistos como un problema, cuando en realidad representan una oportunidad. «Hay un déficit de compasión hacia ellos en el mundo», subrayó, reflexionando sobre la falta de humanidad en cómo se les percibe.
Aunque el proyecto incluye un trabajo de documentación periodística, Iñárritu enfatiza que «Carne y arena» es, sobre todo, arte comprometido con la sociedad. «Los migrantes ponen de manifiesto las fallas de los sistemas que hemos creado. Mi instalación es una forma de llamar nuestra atención sobre el sufrimiento que viven», explicó. El cineasta cree firmemente que el arte debe ser subversivo y utilizarse para expresar verdades profundas que a menudo se pierden en el lenguaje convencional.
El respaldo institucional al proyecto ha sido inmediato, como lo afirmó la diputada Teresa Laespada. La instalación se incluye dentro del III Plan Bilbao Ciudad Intercultural y está alineada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). La alcaldesa en funciones, Amaia Arregi, destacó que el verdadero peligro no reside solo en las fronteras físicas, sino en las percepciones que deshumanizan al otro, reafirmando el compromiso de Bilbao y Euskadi con los valores de igualdad y no discriminación.





























































































