Esta semana, el Gobierno Vasco ha publicado la declaración ambiental estratégica del Plan Territorial Sectorial de energías renovables de Euskadi, tras varios meses de demora. Este anuncio representa un avance significativo en el proceso que busca regular el uso de energías renovables en la región, casi un año después de la aprobación de su versión provisional, que tuvo lugar el 20 de diciembre de 2024. La publicación de esta declaración se considera un paso más hacia la versión final del plan.
El contexto en el que se desarrolla este plan es complejo, ya que el despliegue de energías renovables en Euskadi ha suscitado tanto la necesidad de llevarlo a cabo como críticas respecto a su ejecución. La forma en que se abordan estos proyectos está bajo el escrutinio no solo de los vecinos de las áreas afectadas, sino también de los propios promotores energéticos, quienes han mostrado cierta reticencia debido a los retrasos y a los criterios de aprobación establecidos.
Un aspecto fundamental del plan son las categorías de zonas seleccionadas que el Gobierno define para albergar proyectos de energías renovables. A su vez, se establecen zonas de exclusión donde no se podrán realizar instalaciones de energía eólica, fotovoltaica, oceánica y minihidráulica, con el fin de proteger áreas de especial sensibilidad ambiental. Esta clasificación se basa en una serie de criterios que tienen en cuenta tanto factores ambientales como de ordenación territorial.
En los últimos meses, estas áreas han sido objeto de controversia, especialmente porque se han aprobado o denegado proyectos en lugares que, según borradores previos, eran considerados aptos. Las diferencias en la interpretación de los criterios por parte del Gobierno Vasco y las diputaciones han llevado a que ciertos proyectos sean reevaluados. El documento oficial menciona que “el establecimiento de zonas de exclusión constituye una de las principales medidas de integración ambiental del PTS” para salvaguardar las áreas más vulnerables al desarrollo de instalaciones a gran escala.
A medida que avanza el proceso, surgen preocupaciones en torno a la eliminación de algunas zonas inicialmente categorizadas como aptas. Diversos agentes han solicitado su exclusión durante las fases de información pública. Por ejemplo, en Bizkaia, la dirección de Desarrollo Territorial de la Diputación Foral, respaldada por la mayoría de los ayuntamientos afectados, ha pedido la eliminación de áreas como Ganekogorta y el cordal Alén-Mello.
Estas peticiones han generado un efecto dominó, afectando a otras localidades donde se han solicitado cambios similares. En total, varios ayuntamientos, como Santurtzi, Zierbena y Llodio, han presentado solicitudes para retirar zonas de sus listas de áreas seleccionadas. En Álava, la Diputación Foral también ha pedido la eliminación de zonas como Cantoblanco y Jarindo, entre otras, lo que añade más tensión al proceso de aprobación del plan.
El debate sobre la instalación de energías renovables en Euskadi no solo enfrenta a las administraciones públicas, sino que también involucra a los ciudadanos y a los grupos ecologistas. La necesidad de adaptarse a los objetivos de sostenibilidad y las energías limpias se contrarresta con las preocupaciones por la protección de la biodiversidad y el paisaje local. Es esencial encontrar un equilibrio que permita avanzar hacia un modelo energético más sostenible, sin comprometer los valores ambientales de la región.
En este sentido, el desafío radica en cómo lograr un despliegue efectivo de las energías renovables sin generar un conflicto con las comunidades locales y los distintos actores implicados. La situación actual plantea la necesidad de un diálogo continuo y constructivo entre el Gobierno Vasco, las diputaciones y los ciudadanos para llegar a acuerdos que sean beneficiosos para todas las partes involucradas.
El futuro del plan territorial sectorial dependerá de la capacidad de las administraciones para gestionar estas tensiones y encontrar soluciones que promuevan un desarrollo sostenible y respetuoso con el entorno. La estrategia de energías renovables es crucial no solo para cumplir con los objetivos medioambientales, sino también para posicionar a Euskadi como un referente en la transición energética a nivel nacional e internacional.































































































