Este viernes, a las 19:00 horas, la Filmoteca Vasca en Tabakalera, Donostia, acogerá la presentación de la película Pagafantas por parte de sus creadores, los cineastas Borja Cobeaga y Diego San José. Hace diecisiete años, este filme se convirtió en un referente, introduciendo en la cultura popular términos como «hacer una cobra» y «pagafantas», y marcando un hito en el panorama del cine español con un enfoque diferente al de las comedias románticas convencionales. Su éxito en taquilla y las dos nominaciones a los Goya que recibió la consolidaron como una obra significativa que conectó con los problemas de la juventud vasca a nivel nacional.
Cobeaga se muestra ansioso por revivir la experiencia de la película, admitiendo que no la ha vuelto a ver desde su estreno. “La vio mi hijo hace relativamente poco y me dijo que le había gustado más que Spanish Movie”, comenta entre risas, reflexionando sobre cómo el tiempo puede haber transformado la percepción de su obra. Reconoce que es curioso comprobar si conceptos que antes eran actuales se han vuelto obsoletos o si la relación de pareja ha adquirido un nuevo matiz en la actualidad.
A diferencia de las narrativas románticas tradicionales, Pagafantas se centraba en un protagonista que no lograba la redención. Cobeaga explica que la película tenía un fuerte componente generacional, enfocándose no en el héroe habitual, sino en el amigo que suele quedar en un segundo plano. “Existía en aquel momento un movimiento de comedias americanas que abordaban más a los antihéroes que a los héroes”, añade, refiriéndose a la influencia de filmes como Supersalidos. La historia narra la vida de un joven que abandona a su novia de toda la vida con la esperanza de conseguir algo mejor, reflejando las experiencias vividas por los propios guionistas.
Cobeaga, que ya contaba con una notable trayectoria en cortometrajes y programas televisivos, considera que el rodaje de Pagafantas fue un gran desafío. “Para mí fue una experiencia muy bonita, pero también un gran salto”, asegura, recordando las siete semanas de grabación, en su mayoría nocturnas. Este proceso le permitió darse cuenta de que hacer una película es un mundo completamente diferente al de verla. A menudo, su relación con sus trabajos anteriores es una mezcla de orgullo y arrepentimiento, como revela al recordar un problema de sonido en su primer corto que aún le causa pesadillas.
Para este primer largometraje, Cobeaga contó con la colaboración de actores como Julián López y Ernesto Sevilla, quienes debutaron en el cine con esta producción. El rodaje, inicialmente previsto en Donostia, tuvo que llevarse a cabo en Bilbao. “En aquellos tiempos no había 800 rodajes al mes como ahora. Siempre tendré esa espina clavada de cómo habría sido Pagafantas en Donostia”, lamenta.
Pese a la recepción positiva del filme, que incluyó el premio de la crítica en el Festival de Málaga, Cobeaga vivió sus primeras semanas en las salas de cine con un gran nerviosismo, preocupado por el rendimiento en taquilla. “Con el paso del tiempo uno se da cuenta de que vives en una burbuja al estrenar una película”, reflexiona. Recuerda con nostalgia el estreno en los cines Capitol de Bilbao, donde compartió el momento con sus amigos universitarios, con quienes solía discutir sobre cine. Sin embargo, la llegada de su segunda película, No controles, no fue tan afortunada, sufriendo un fracaso notable.
A pesar de los altibajos, Cobeaga expresa su orgullo por haber comenzado su carrera con Pagafantas. “Tengo curiosidad por saber cómo ha evolucionado la percepción de la película con el paso del tiempo”, afirma, dispuesto a descubrirlo junto al público donostiarra en la proyección de este viernes. La expectativa genera un interés palpable, tanto por lo que significó la obra en su momento como por el impacto que podría tener en la juventud actual.































































































