Carlos Garaikoetxea Urriz, el primer lehendakari del Gobierno Vasco tras la aprobación del Estatuto de Gernika en 1980, ha fallecido a los 87 años en Pamplona. El triste suceso ocurrió el pasado lunes, 4 de mayo, cuando sufrió un infarto mientras nadaba en una piscina de Larraina. Su vida estuvo marcada por una destacada trayectoria política y profesional.
Nacido el 2 de junio de 1938 en Pamplona, Garaikoetxea se formó como abogado y economista en la Universidad de Deusto. A lo largo de su carrera, se integró al Partido Nacionalista Vasco (PNV) en 1975, donde desempeñó distintos roles, incluyendo el de presidente del Euzkadi Buru Batzar entre 1977 y 1980. Su carrera política despegó cuando fue elegido miembro del Parlamento de Navarra en 1979, y posteriormente fue nombrado presidente del Consejo General Vasco.
Tras la promulgación del Estatuto de Gernika, fue elegido lehendakari del Gobierno Vasco en 1980, cargo que ocupó hasta 1985, momento en el que dejó su puesto debido a discrepancias internas con su partido. Su sucesor fue José Antonio Ardanza. En 1986, sus diferencias con el PNV lo llevaron a fundar Eusko Alkartasuna (EA), marcando un nuevo capítulo en su trayectoria política.
La vida profesional de Garaikoetxea fue intensa y multifacética. A los 35 años, fue nombrado presidente de la Cámara Navarra de Comercio, cargo que ocupó desde septiembre de 1973 hasta enero de 1976. Su carrera empresarial comenzó en Sigma de Elgoibar, y posteriormente fue director de Tracsa y Eaton Ibérica, una notable empresa del sector auxiliar de la automoción en Navarra. Además, tras la muerte de su cuñado, tomó las riendas de Embutidos Mina, empresa de su familia política, a la vez que fundaba su propio bufete de abogados en Pamplona.
Garaikoetxea es recordado como un líder que impulsó los intereses de Euskadi durante una etapa crucial en la historia política del País Vasco. Su legado se encuentra entrelazado con los cambios que vivió la comunidad a lo largo de las últimas décadas. El impacto de su trabajo y decisiones aún resuenan en la actualidad, dejando una huella indeleble en la política vasca.
La noticia de su fallecimiento ha conmovido a numerosos sectores de la sociedad vasca, que reconocen su contribución al desarrollo y la autonomía de Euskadi. Su figura permanecerá en la memoria colectiva como símbolo de una época de transformación y desafío político.






























































































