Hoy, Easo Kapera Gregorianistak pone fin a su trayectoria de 31 años con un emotivo concierto en Donostia, guiado por Demetrio Esnaola. Este evento culmina un recorrido que comenzó en 1995, cuando el coro realizó su primera actuación en la iglesia de San Vicente, el mismo lugar donde concluirá su camino en la música. En esta despedida, además de los diez cantantes que componen el grupo, se contará con la participación de Ana Belén García, que interpretará en el famoso órgano Cavaillé-Coll de 1868.
La despedida es agridulce, pero los amantes de la música gregoriana y de las composiciones medievales encontrarán un nuevo referente en Easo Monodia, un grupo emergente que tomará el relevo. Esta formación, creada por Asier López Iraola, docente en Musikenek, también participará en el concierto de despedida, marcando así el inicio de una nueva era en la interpretación de la música antigua.
Los fundadores de Easo Kapera Gregorianista, Santos Sarasola y Jexux Mari Mujika, quienes han estado involucrados desde sus inicios, comparten su visión del coro: “Nos une nuestro amor por la música latina y gregoriana, y siempre hemos mantenido nuestras relaciones en euskera”. Esta conexión ha sido un pilar en la cohesión del grupo a lo largo de los años.
La música gregoriana es reconocida como una de las formas más antiguas de música sacra en Occidente. Su origen está ligado a la expansión del cristianismo, ya que se desarrollaron los primeros cancioneros litúrgicos. El término proviene del Papa San Gregorio I, quien fue pionero en la recopilación y organización de estas melodías. Mujika destaca que “es una manifestación espiritual increíble que ha evolucionado a lo largo de los siglos”. Recuerda anécdotas de Xabier Lete, quien era un ferviente admirador de este estilo musical, y cómo, al escuchar una pieza en un monasterio, expresó que “aquí hay algo especial”.
Sarasola también menciona la importancia de la interpretación adecuada de esta música, citando a Bernardo de Claraval: “El canto debe ser digno y serio, suave sin ser liviano”, enfatizando que “debe conmover el corazón”. Según él, la música no debe ser triste, sino “melancólica”, aunque por encima de todo, “es hermosa”. Ambos coinciden en que la música gregoriana tiene el poder de tocar lo más profundo del alma.
Los inicios de este grupo musical se dieron en un contexto social donde muchos jóvenes comenzaban sus estudios en seminarios y conventos, donde se adentraban en el canto, incluso en el aprendizaje del latín. Sarasola recuerda que, a los trece años, ya interpretaban piezas gregorianas, las cuales eran omnipresentes en las ceremonias litúrgicas. Con el tiempo, muchos de sus contemporáneos dejaron el camino religioso y optaron por una vida secular, como es el caso de los propios Sarasola y Mujika.
Ambos también han tenido una gran influencia en la educación musical, habiendo trabajado como docentes en el Santo Tomás Lizeoa de Donostia. En 1992, mientras era director del centro, Sarasola ayudó a fundar una eskolania debido a la demanda de jóvenes interesados en la música. En un mes, más de veinte niños se inscribieron, lo que evidencia el interés por la música coral en la juventud de la región.
En 1995, se realizó un disco homenaje en memoria del compositor Norberto Almandoz, que llevó al coro a grabar varias canciones, incluido el himno «Te Deum laudamus», que combinó partes polifónicas con gregorianas. En ese momento, no existía otro grupo que dominara este repertorio, lo que llevó a la búsqueda de Sarasola para contar con un equipo capaz de realizar esta obra en San Vicente.
Con el tiempo, la trayectoria del coro ha sido prolífica, con más de 400 actuaciones y liturgias, así como la grabación de catorce discos que abarcan más de 410 piezas de su repertorio, incluyendo las mejores obras gregorianas. “La popularidad de la música gregoriana se disparó en la década de 1990, especialmente tras el éxito del disco Chants, que vendió millones de copias”, señala Sarasola.
Actualmente, el coro cuenta con diez miembros, con una edad promedio de 82 años. A pesar de los intentos de revitalización desde 2010, el grupo es consciente de que la transmisión del conocimiento sobre la música gregoriana no será igual que en el pasado, dado que las nuevas generaciones no tienen la misma exposición a estas enseñanzas en seminarios o iglesias. “El futuro de la música gregoriana dependerá de nuevas técnicas y de grupos corales que se formen en el ámbito académico”, concluyen.
La creación de Easo Monodia se presenta como una oportunidad para que esta tradición musical continúe viva, asegurando que, aunque Easo Kapera Gregorianista llegue a su fin, su legado perdurará a través de nuevas generaciones de músicos.





























































































