Durante el pasado fin de semana, el parque de Cristina Enea en San Sebastián ha acogido la XXII edición del Campeonato Nacional de Trepa de Árboles. Este evento ha reunido a un total de 47 arboristas que han demostrado su habilidad y destreza en diferentes pruebas, atrayendo a una multitud de curiosos. Además, la movilización de más de un centenar de profesionales, entre organizadores y voluntarios, ha garantizado el éxito de esta competición en la capital guipuzcoana.
El ambiente en el parque era vibrante, con colegas de profesión y visitantes disfrutando de las diversas pruebas. Gracias a las buenas condiciones meteorológicas, muchos paseantes aprovecharon para observar y animar a los concursantes en sus desafíos. Las pruebas que se llevaron a cabo incluyen el trabajo, rescate, hondura, trepa rápida y ‘Ascent’, cada una de ellas diseñada para ser realizada en un árbol específico, tal y como explicó Natacha Vigil Juárez, vicepresidenta de la Asociación Española de Arboricultura, encargada de la organización del evento.
La primera prueba que se encuentra al ingresar al parque es la de trabajo, que abarca desde la poda hasta la correcta caída de un tronco sin causar daños a su entorno. En esta prueba, los participantes deben trabajar contra el reloj, lo que atrae la atención de muchos que se acercan a observar. A medida que avanzan por el parque, los asistentes pueden observar el resto de las competiciones, siendo la de rescate una de las más complejas, que no solo requiere fuerza física, sino también un sólido juicio y rapidez en la toma de decisiones.
En esta prueba, un maniquí simula a un compañero herido, y el concursante debe evaluar la situación y actuar según la gravedad de la lesión. Como indicó Vigil Juárez, «el concursante recibe una explicación, les transmiten qué le ha pasado… para actuar lo antes posible». Esta atención a los detalles y la urgencia reflejan la seriedad de la competencia, donde cada segundo cuenta.
Las demás pruebas siguen el mismo enfoque técnico. La trepa rápida, por ejemplo, exige que los participantes asciendan hasta la copa del árbol solo utilizando sus manos y un arnés de seguridad. En la prueba de hondilla, los arboristas deben lanzar una cuerda para alcanzar diferentes alturas, lo que requiere una gran habilidad y precisión. Finalmente, la prueba ‘Ascent’ pone a prueba la velocidad de los concursantes en la utilización del sistema de cuerdas. Una vez que marcan su tiempo, deben subir lo más rápido posible y tocar una campana al llegar a la cima.
Aunque estas competiciones pueden parecer meras pruebas deportivas, Vigil Juárez enfatiza que van mucho más allá. «Al final, este tipo de labores que hacen los arboristas no deja de ser una manera de tratar al árbol de la manera más proteccionista posible», afirmó. Cada técnica y cada prueba se realizan en el árbol más idóneo, lo que demuestra la importancia de la conservación y el cuidado del entorno natural.
El evento no solo ha servido como plataforma para que los arboristas muestren su talento, sino que también ha permitido a la comunidad apreciar la importancia de la arboricultura y el cuidado de los árboles. La participación activa de los visitantes ha enriquecido la experiencia, convirtiendo el campeonato en un punto de encuentro para la educación y la sensibilización sobre la conservación ambiental en Gipuzkoa.
El campeonato se ha consolidado como una cita ineludible en el calendario de eventos de la región, atrayendo cada vez más público y participantes. Sin duda, esta edición del campeonato ha dejado una huella positiva, fomentando el interés en la arboricultura y el respeto hacia los árboles, elementos fundamentales en nuestro ecosistema. Así, el parque de Cristina Enea no solo ha sido un escenario de competición, sino un lugar de aprendizaje y disfrute para todos.





























































































