Diez años pueden parecer un breve lapso en la historia de un club centenario. En este periodo, el Leicester City vivió una de sus etapas más brillantes, alzándose con la Premier League en 2016, un logro que sorprendió al mundo del fútbol. La gesta, liderada por Claudio Ranieri, marcó un hito al ser el primer equipo fuera de los grandes como Manchester United o Liverpool en conquistar el título desde 1995. La hazaña fue tan inesperada que las casas de apuestas ofrecían unas cuotas de 5.000 a 1 por su triunfo. Aquella victoria se convirtió en un símbolo para quienes luchan contra adversidades en el deporte.
Sin embargo, el décimo aniversario de esa histórica conquista llega con un sabor amargo. El Leicester ha caído en picado, descendiendo de la Championship League a la League One, la tercera categoría del fútbol inglés. Este descenso se confirmó el 21 de abril de 2026, tras una derrota en su estadio, el King Power Stadium, un lugar que había sido escenario de celebraciones memorables. En un enfrentamiento crucial contra el Hull, el equipo no logró mantener la ventaja y fue despojado de la posibilidad de salvarse, cerrando su ciclo en la segunda categoría del fútbol inglés.
El club se encontraba en una situación crítica, ocupando el vigésimo tercer lugar con apenas 42 puntos, a siete de la salvación. “Necesitamos un poco de fortuna”, expresó el entrenador Gary Rowett antes del partido, pero la suerte había abandonado al Leicester desde hacía tiempo. La temporada, que prometía celebraciones por el décimo aniversario, se convirtió en un camino lleno de desilusiones y humillaciones.
Aiyawatt Srivaddhanaprabha, el presidente del club, asumió la responsabilidad de este descenso: “No hay excusas. Hemos vivido los momentos más altos y ahora enfrentamos los más bajos”. Su pesar se siente profundamente, sobre todo tras el trágico accidente de helicóptero que costó la vida a su padre, Vichai Srivaddhanaprabha, en 2018. La historia del Leicester está marcada por altibajos, y la actual crisis deportiva es uno de los capítulos más oscuros.
A pesar de contar con una de las plantillas más costosas de la Championship, valorada en 145 millones de euros, el Leicester no logró cumplir con las expectativas. Era el cuarto equipo de más valor en la categoría, superando a diez clubes de LaLiga, pero su rendimiento estuvo muy por debajo de lo esperado. La temporada empezó mal y, tras la salida del entrenador Martí Cifuentes en enero, el equipo se hundió aún más al recibir una sanción de seis puntos por incumplir el Fair Play Financiero.
Las decisiones cuestionables en la dirección deportiva y fichajes fallidos han contribuido a su caída. Nombres como Patson Daka y Oliver Skipp, adquiridos por cifras elevadas, no han justificado su coste, lo que ha llevado a la desesperación dentro del club. Con cada derrota, el recuerdo de la gloria parece más distante, y el Leicester se enfrenta a un futuro incierto.
La muerte del propietario, junto a la crisis provocada por la pandemia, marcó un cambio drástico en la trayectoria del club. Desde el descenso a la Championship el año pasado, han experimentado una caída estrepitosa que los ha llevado a la League One en tiempo récord. Dos descensos en dos años son una señal alarmante de que algo va muy mal en la gestión del club.
El Leicester, que había demostrado que el éxito era posible, ahora sirve como advertencia de lo efímero que puede ser en el deporte. La historia de su triunfo seguirá siendo recordada como un milagro, mientras que su actual situación se estudia como un ejemplo de descomposición institucional. A medida que el club enfrenta este nuevo reto, la afición se aferra a la esperanza de un renacer que los devuelva a la élite del fútbol inglés.































































































