La historia política de Euskadi ha estado marcada por una relación compleja y muchas veces conflictiva con el gobierno central de España, especialmente durante el siglo XX. Este periodo crítico, que se remonta al régimen franquista, es esencial para comprender la actual configuración política vasca. La dictadura de Francisco Franco se estableció tras la Guerra Civil Española, que finalizó en 1939 y se prolongó hasta la muerte del dictador en 1975.
En 1936, José Antonio Agirre Lekube fue nombrado el primer lehendakari del Gobierno Vasco, justo antes del estallido de la Guerra Civil. El bombardeo de Gernika en 1937, llevado a cabo por orden de Franco, simboliza el ataque a las libertades del pueblo vasco. Posteriormente, Agirre proclamó brevemente el Estado Vasco Independiente, que fue rápidamente anulado tras la victoria franquista, dando inicio a una represión severa en la región, especialmente en Bizkaia y Gipuzkoa, que fueron catalogadas como «provincias traidoras».
Durante el régimen franquista, el País Vasco sufrió una intensa represión que afectó su cultura, lengua y símbolos nacionales. Esta política de centralización y españolización forzosa buscaba erradicar cualquier signo de identidad vasca, prohibiendo el euskera y las ikastolas. Además, la represión de manifestaciones culturales y políticas vascas fue severa.
El régimen de Franco, sostenido por sectores como el ejército y la iglesia católica, estableció un gobierno autoritario y un partido único. La oposición fue reprimida, y la economía se orientó hacia una autarquía que comenzó a cambiar solo en la década de 1950, con pactos como los de Estados Unidos y el Concordato con la Santa Sede. A pesar de estas duras condiciones, hacia finales de la década de 1960 se empezaron a vislumbrar signos de apertura política y desarrollo económico en Euskadi.
El nacionalismo vasco, lejos de ser aplacado, se fortaleció en respuesta a la represión. En 1959, se fundó ETA (Euskadi Ta Askatasuna), una organización armada que surgió para luchar contra el régimen franquista y continuó su actividad violenta incluso tras la transición a la democracia, dejando una huella indeleble en la historia política de la región.
Asimismo, el franquismo impactó profundamente en la organización y movilización obrera y socialista en Euskadi. A pesar de la represión, las organizaciones socialistas, apoyadas por sus direcciones en el exilio, lograron reorganizarse clandestinamente, principalmente en la región industrializada. Esta etapa fue clave para la reconstrucción del sindicalismo socialista, con la Unión General de Trabajadores (UGT) desempeñando un papel fundamental en la resistencia contra la dictadura y en la posterior transición hacia la democracia.
La dictadura de Franco, por tanto, no solo buscó erradicar el nacionalismo y el socialismo en Euskadi, sino que, paradójicamente, contribuyó a su fortalecimiento, forjando un entramado político y social que sería crucial en las décadas siguientes. La transición a la democracia y el desarrollo posterior de Euskadi no pueden ser entendidos sin considerar este complejo legado.
Desde la primera elección del Parlamento Vasco en 1980 hasta las más recientes en 2020, Euskadi ha experimentado diversas fluctuaciones políticas que han moldeado su desarrollo autonómico. Las elecciones de 1980, que se celebraron el 9 de marzo, marcaron el inicio de la I Legislatura del Parlamento Vasco. En esta ocasión, el Partido Nacionalista Vasco (EAJ-PNV) se alzó con la mayor cantidad de votos (38,1%), seguido de Herri Batasuna (16,55%) y el Partido Socialista de Euskadi (PSE-PSOE) con un 14,21%.
Con el paso de los años, la participación electoral se ha incrementado notablemente, pasando de un 59,76% en 1980 a un 78,97% en 2001. A lo largo de este tiempo, el EAJ-PNV ha mantenido una presencia dominante, aunque con variaciones en su representación. En 2020, por ejemplo, aumentaron a 31 escaños, mientras que otros partidos como el PSE-PSOE y EH Bildu también han mostrado cambios significativos en su representación.
La composición del Parlamento Vasco y la elección del lehendakari han reflejado las dinámicas políticas internas, con un intercambio y colaboración entre diferentes partidos que subrayan el pluralismo de la sociedad vasca. A lo largo de las décadas, se han formado distintos grupos parlamentarios, como el Grupo Foralista Alavés y el Grupo Popular Vasco, lo que pone de manifiesto la diversidad de voces presentes en el debate político regional.
Estas dinámicas electorales y políticas no solo reflejan las preferencias de los votantes, sino que también evidencian cómo la región ha enfrentado desafíos y oportunidades en el marco de la autonomía y la gobernanza regional en España. La historia política de Euskadi, desde el franquismo hasta las elecciones autonómicas más recientes, ilustra una trayectoria de crecimiento, diversificación y consolidación democrática que seguirá influyendo en su futuro político.





























































































