El fútbol, como la vida, es una cuestión de pertenencia y pasión. Arcadio Sarriugarte, un elgoibartarra de 72 años, ha recorrido un camino singular en su amor por el deporte. Aunque nació en Berriz, su vida se ha entrelazado con Elgoibar, donde forjó su identidad. Actualmente, es un ferviente seguidor del Atlético de Madrid y se prepara para apoyar a su equipo este sábado en La Cartuja.
Desde su infancia, el fútbol ha sido parte fundamental de su vida. Aunque creció en un entorno familiar que apoyaba al Athletic Club, su lealtad hacia el equipo bilbaíno ha ido disminuyendo con el tiempo. Arcadio, quien describe su afiliación al Athletic como “una circunstancia de la vida”, ha encontrado su lugar en la afición colchonera, convirtiéndose en un socio apasionado. Su primo, que jugó en el primer equipo del Athletic, también dejó huella en su camino, siendo una figura inspiradora para él.
La trayectoria de Arcadio incluye una breve etapa en un internado, donde se adentró en la cultura futbolística. Aunque tuvo un breve coqueteo con el Hércules, su corazón siempre ha latido con los colores rojiblancos del Atlético. Su pasión por la lectura, que se remonta a su niñez, le ha llevado a estar suscrito a varios diarios, lo que considera una rareza en la actualidad. Arcadio se define como una conciencia crítica del sistema, siempre dispuesto a cuestionar tanto el mundo del fútbol como otros aspectos de la vida.
La vida de Arcadio dio un giro interesante cuando se trasladó a Donostia al casarse. Su suegro, un ferviente aficionado de la Real Sociedad, le invitó a compartir la experiencia de ver partidos en Atocha. Sin embargo, a pesar de la cercanía, nunca se ha sentido identificado con el equipo txuri-urdin. “Mi hijo David, mi hija, mi yerno y mis nietas son aficionados de la Real, y disfruto viendo sus partidos, a menos que jueguen contra el Atlético”, confiesa.
A pesar de vivir a solo cinco minutos de Anoeta, Arcadio ha mantenido su lealtad al Atlético de Madrid. Desde hace cinco años, es socio del club y asiste al 90% de los partidos, aunque antes solo iba de forma ocasional. Recientemente, disfrutó de un emocionante encuentro contra el Barcelona, a pesar de la distancia de 500 kilómetros. “Ahora me pierdo pocos,” dice con orgullo.
No es un aficionado cualquiera; su conocimiento sobre el fútbol es amplio. Arcadio estuvo invitado a un partido de veteranos el pasado sábado en Zubieta, y no pierde detalle de los encuentros del primer equipo, tanto masculinos como femeninos, así como del filial. “La final de las chicas la regalamos con dos errores claros del Atlético”, afirma, mostrando su pasión y devoción hacia el club.
En cuanto a su opinión sobre el actual equipo, Arcadio no se identifica plenamente con la filosofía de su entrenador. “Todos los equipos necesitan cambios, y aquí el entrenador tiene más poder que el director general”, comenta. Es consciente de que el Atlético ha atravesado muchas dificultades y considera que ha logrado una estabilidad que antes le era esquiva. “No es fácil vivir con el vecino que tiene el Atlético”, subraya, refiriéndose a la intensa rivalidad con la Real.
A pesar de las diferencias en sus preferencias futbolísticas, Arcadio planea asistir a la final con su hijo y su yerno, aunque cada uno se sentará en su sector correspondiente. “Pero no hay discusiones entre nosotros”, aclara, dejando claro que el fútbol une más que divide en su familia.
Confiando en su equipo, Arcadio afirma: “Sí, el Atlético es favorito. Creo que va a ganar 2-0”. Para él, la recuperación de algunos jugadores clave será crucial en el próximo encuentro: “Es importante que se recupere Hancko, que me parece un futbolista clave. Y Pubill, que ha estado sancionado, también es muy bueno”. También reconoce la fortaleza del bloque de la Real, que ha demostrado ser equilibrado en lugar de depender de individualidades.
La pasión de Arcadio por el fútbol y su identidad como aficionado del Atlético de Madrid reflejan cómo el deporte puede influir en la vida de las personas. Al final de nuestra conversación, no pudo evitar pedir que se le mencionara de manera positiva en la prensa: “Ponme bien, eh”, se despidió con una sonrisa, dejando en el aire la emoción por el próximo partido. El fútbol es, sin duda, un lenguaje común que trasciende barreras y une a las personas en torno a una misma pasión.




























































































