La forma más placentera de tomar decisiones en grupo puede ser mientras se practica deporte y se mantiene una conversación amena. Al mover los músculos y permitir que la sangre fluya, se activa el cerebro y se crea un ambiente propicio para dialogar sobre lo que realmente nos interesa. Así fue como, durante un agradable paseo en bicicleta al trabajo, un grupo de colegas comenzó a comentar sobre las inminentes vacaciones de Semana Santa, destacando que todos compartían la misma inquietud de disfrutar de la naturaleza y evitar permanecer encerrados en casa.
Entre las rutas más interesantes para explorar, se encuentra el Val de Zafán, un recorrido que aprovecha antiguos trazados ferroviarios y que, gracias a sus pendientes suaves, resulta ideal para los ciclistas. La ausencia de tráfico vehicular y el entorno natural lo convierten en una opción perfecta para disfrutar en familia. Este trayecto comienza en la provincia de Teruel y finaliza en Tortosa, Tarragona, ofreciendo un recorrido mayormente descendente, lo que lo hace aún más atractivo para los más pequeños.
No obstante, es importante señalar que no todo el trayecto es sencillo. A pesar de que las autoridades locales tienen buenas intenciones, hay secciones que presentan complicaciones, como tramos inclinados o túneles cerrados, que pueden dificultar el acceso con niños.
El punto de partida se sitúa en la antigua estación de tren de Valjunquera, alejada de las calles del pueblo. Este lugar, con sus edificios en ruinas, recuerda la historia del ferrocarril en la zona. Al llegar, los carteles que indican que estamos en el Val de Zafán nos animan a comenzar la aventura. Sin embargo, el entusiasmo por pedalear se ve matizado por la realidad del recorrido.
Recorrer el camino en bicicleta es un placer, especialmente cuando la inclinación es favorable. Pasamos por paisajes cubiertos de almendros y olivos, disfrutando de cada pedaleo mientras las quejas de los niños son llevadas por el viento. En el grupo siempre hay un experto en flora y fauna que nos comparte curiosidades sobre las especies que encontramos a nuestro paso, enriqueciendo la experiencia.
Al cruzar un viaducto sobre el río Matarranya, la energía del grupo se siente renovada, aunque las quejas de los ciclistas jóvenes resuenan por encima de todo. El trayecto nos lleva a Cretas, un pueblo donde, al pasear por sus calles de piedra, descubrimos una mezcla de arcos y antiguas casas nobles. Allí, se percibe que se habla catalán, ya que nos encontramos en un área de Aragón donde esta lengua es habitual.
El día siguiente, el recorrido continuó con una inclinación descendente. Desde Teruel, cruzamos el río Argars hasta llegar a la estación de Arnés-Lledó, donde las estructuras medio derruidas son testigos del paso del tiempo desde que el último tren circuló por allí en 1973. La vista desde el pueblo de Horta de Sant Joan es espectacular, con la sierra de Els Ports al fondo. A lo largo del camino hacia Bot, pudimos refrescarnos en un bar instalado en un antiguo vagón de tren.
A medida que avanzamos, el camino sigue la corriente del Canaletes, adentrándose en un entorno natural que es a la vez hermoso y tranquilo. En este trayecto, encontramos el santuario de Fontcalda, donde los visitantes se acercan no solo para rendir homenaje a la Virgen, sino para disfrutar de un baño en sus aguas termales. Aprovechamos la oportunidad para disfrutar de un refrescante chapuzón en este entorno.
Conforme continuamos, la belleza de los paisajes se hace más evidente. En el antiguo apeadero de El Pirell de Brai, el ambiente contrastante nos recuerda los acontecimientos de la Guerra Civil Española que tuvieron lugar en esta área. A pesar de que seguimos el mismo trazado del antiguo ferrocarril, cada sección del recorrido ha adoptado un nuevo nombre: de Val de Zafán a Terra Alta y finalmente a Baix Ebre, reflejando nuestra entrada en la cuenca del Ebro.
Al dejar atrás la estación de Berifallet, la ruta nos lleva finalmente al encuentro con el Ebro. A medida que el paisaje cambia, también lo hace la dificultad del trayecto, que requiere más esfuerzo al pedalear. Al llegar a Xerta, decidimos que habíamos tenido suficiente por hoy. Así, como el tren del Val de Zafán que nunca alcanzó el mar Mediterráneo, nosotros nos quedamos aquí, disfrutando de la brisa del río y observando cómo las aguas del Ebro fluyen suavemente a nuestro lado.

































































































