Desde que la Real Sociedad anunciara la incorporación de Pellegrino Matarazzo el pasado 20 de diciembre, el nuevo entrenador ha demostrado un interés notable por adaptarse no solo a su equipo, que ha superado momentos difíciles, sino también a la cultura vasca. Con una carrera predominantemente forjada en Alemania, donde destacó en clubes como Stuttgart y Hoffenheim, Matarazzo ha comenzado a dejar su huella no solo en el plano táctico, sino también en su deseo de integrarse en la comunidad local.
En su presentación ante los medios, apenas dos días después de ser nombrado, Matarazzo hizo un gesto significativo al saludar en euskera: «Kaixo guztioi, urte berri on!». Este saludo no fue solo una anécdota, sino que simbolizó su deseo de conectar de inmediato con la afición de la Real y con la identidad del club de Gipuzkoa.
Su esfuerzo por aprender el idioma ha sido reconocido en el vestuario. El jugador Álvaro Odriozola, quien se encuentra recuperándose de una lesión, comentó: “Es de agradecer que esté intentando meterse en nuestra sociedad, en la sociedad euskaldun. Está intentando hablar en euskera…”. Este reconocimiento demuestra que Matarazzo está alineado con las señas de identidad del club.
El entrenador también ha realizado guiños culturales a la afición. En vísperas del día de San Sebastián, Matarazzo hizo una curiosa petición a los grupos de tamborradas, sugiriendo que adaptaran sus ensayos para que los aficionados pudieran asistir al partido de copas contra Osasuna, que se celebró el 13 de enero. “Sé que el día 20 hay una gran fiesta aquí, la Tamborrada. ¿Lo he dicho bien?”, comentó con un tono humorístico, mostrando su deseo de implicarse en la rica tradición donostiarra.
Su evolución con el euskera ha sido notable. En una rueda de prensa posterior a una victoria ante el Celta en Anoeta, Matarazzo fue consultado sobre las posibilidades del equipo en Europa y respondió con una expresión que ha resonado entre los seguidores: «Poliki, poliki», lo que refleja su enfoque cuidadoso y metódico hacia los retos. Esta frase se ha convertido en un lema para el entrenador, quien ha destacado su deseo de avanzar con calma y seguridad.
Poco después de un triunfo contra el Athletic en la ida de las semifinales de la Copa del Rey, Matarazzo también compartió su lucha con el euskera. “El euskera es un idioma difícil, pero me enfado muchísimo cuando escucho las preguntas y no las entiendo”, comentó. A pesar de las dificultades, se ha comprometido a aprender, comprando un libro en euskera y practicando con frases cortas en el entorno del club, mostrando un deseo sincero por integrarse en la cultura local.
La adaptación del entrenador no se limita al idioma. Matarazzo ha abrazado costumbres locales como la siesta, haciendo caso a la tradición española de descansar antes de los partidos nocturnos. “Me siento muy poderoso después de la siesta”, expresó, reconociendo su aprecio por la cultura que lo rodea. Sin embargo, la falta de un horario adecuado para descansar en ocasiones ha complicado su disfrute de esta práctica.
En un momento clave, el 20 de febrero, Matarazzo participó en una rueda de prensa sin auriculares por primera vez, atendiendo a los medios en castellano. Aunque reconoció que aún necesitaba tiempo para dominar el idioma, su intento de comunicarse directamente refleja su compromiso por integrarse rápidamente al club y a la sociedad vasca.
Su confianza en el euskera está en aumento, lo que se evidenció tras un partido en Mallorca cuando respondió simplemente «Ongi» a una periodista que le preguntó cómo se encontraba. Este avance demuestra su determinación por adaptarse a un lenguaje que él mismo ha descrito como complicado.
Después de llevar al equipo a la final de la Copa al vencer al Athletic en Anoeta, Matarazzo evitó especular sobre las opciones del equipo ante el Atlético, afirmando: “La final ya llegará. Como digo siempre, poliki, poliki, paso a paso”. Su respeto por la afición se evidenció cuando habló sobre la energía del recibimiento que recibió, afirmando que “nunca había vivido algo así”.
En resumen, Matarazzo está demostrando que su proyecto en la Real no solo se construye a través de estrategias en el campo, sino también mediante una fuerte conexión con la identidad vasca. Su integración, que avanza “poliki, poliki”, no solo es una cuestión de rendimiento, sino también de humildad y respeto hacia la cultura que ahora representa. Con la vista puesta en la final, el entrenador ha logrado ganarse el corazón de la afición txuri-urdin, que lo ve como un símbolo de unión y esperanza.





























































































