Han pasado cinco décadas desde que Mikel Laboa, los hermanos Artze y José Luis Zumeta dieron vida al innovador proyecto Ikimilikiliklik. Este espectáculo rompió las barreras artísticas de su tiempo, fusionando música, poesía, artes visuales y el uso innovador de la txalaparta. La combinación de estos elementos no solo propuso nuevas formas de arte, sino que también ofreció una nueva comprensión de la creatividad.
Ahora, el festival Loraldia se adentra en este legado con el lanzamiento de Ikimilikiliklik Vol.2. Sin embargo, no se trata de una simple rememoración o un ejercicio de nostalgia; su objetivo es entablar un diálogo con el espíritu original utilizando los recursos y perspectivas contemporáneas. Como señalan los creadores, el reto es «respetar el legado y la valentía artística de aquellos que nos precedieron».
El nuevo espectáculo busca reinterpretar y reinventar la obra original, congregando a músicos de diferentes generaciones bajo la dirección musical de Iñaki Salvador y la dirección escénica de Edurne Azkarate. La propuesta integra diversas disciplinas culturales, combinando música, artes visuales y teatro. Esta fusión permite que artistas de distintos orígenes y etapas vitales se reúnan en un mismo escenario, aportando una rica diversidad al espectáculo.
Una de las preguntas centrales que ha guiado el proyecto es: ¿qué significa ser vanguardista hoy en día? Según Amaia Ozerin, esta conmemoración ha servido como un punto de partida para reflexionar sobre el significado de la vanguardia en el contexto actual. Si se consideraba que lo creado hace 50 años era vanguardia dentro de la cultura vasca, ¿qué sería considerado vanguardia en la actualidad? La intención ha sido recuperar ese espíritu experimental y revitalizarlo a través de las nuevas voces del presente.
El enfoque de los creadores ha sido claro: no buscan imitar, sino conectar con la esencia original. Salvador ha enfatizado que el objetivo ha sido absorber la energía de las propuestas originales y recontextualizarlas, sin caer en un planteamiento continuista.
El proyecto ha permitido a los artistas explorar la vanguardia a través de la práctica, evitando construir una teoría rígida. Para ello, se han recopilado críticas de la época, escritos, grabaciones de audio y testimonios de los creadores originales, utilizando toda esta información como un punto de partida, no como un destino final.
Intza Alkainek ha explicado que el proceso creativo ha consistido en dialogar con el material original. Aunque consideraron modificar algunos textos, decidieron mantenerlos tal como estaban, descubriendo así nuevos significados actuales. También han generado textos originales como respuestas a estas obras clásicas.
El carácter paradojal del proyecto radica en que algo creado hace 50 años sigue siendo considerado innovador hoy. Salvador ha indicado que la idea de vanguardia no debe ser un fin en sí mismo. Para él, lo fundamental es la autenticidad y la sinceridad en el proceso creativo, y si eso resulta en algo que los críticos llamen vanguardia, bienvenido sea.
El trabajo bajo la dirección de Azkarate ha implicado explorar nuevas dinámicas y ejercicios creativos, buscando formas de experimentar la música y la poesía desde una nueva perspectiva. Este enfoque no solo se centra en la música, sino también en la forma en que se perciben las imágenes y las palabras sobre el escenario.
El Ikimilikiliklik original se caracterizaba por su fusión de diversas disciplinas, y esta nueva versión mantiene ese espíritu. Alkainek ha recordado cómo el uso de diapositivas en la obra original fue innovador. En la actualidad, también se busca integrar materiales contemporáneos y avances tecnológicos en la propuesta.
El proceso ha sido colectivo, donde cada creador ha compartido su campo, permitiendo un intercambio interdisciplinario que ha fomentado un ambiente de creatividad y juego. Esta experiencia ha sido novedosa para Salvador, quien normalmente trabaja de forma individual, y ha encontrado en esta colaboración ideas que no habría descubierto por su cuenta.
Alkainek, quien ha trabajado a lo largo de los años con Laboa, ha intentado transmitir su legado en este nuevo trabajo, sintiendo que ha aprendido mucho de él y que su influencia persiste en su ADN artístico. Durante el proceso, han llevado materiales al escenario, explorando y reinterpretando cada elemento, buscando una visión colectiva en lugar de individualista.
La colaboración ha permitido a músicos y actores transitar entre sus roles habituales, creando una obra híbrida que combina música, txalaparta, artes visuales y teatro. Esta mezcla ha dado lugar a una experiencia con dimensiones simbólicas y emocionales, destacando relaciones intergeneracionales. Alkainek ha resaltado que los nuevos creadores ven a los anteriores como «padres culturales», construyendo una idea de «herencia activa».
El nuevo espectáculo también ha buscado reabrir las puertas a una presencia internacional, similar a la que tuvo la obra original. Tras dos años de trabajo, su objetivo era llevar la obra a la Bienal de Venecia, aunque no lograron concretar esta meta.
Los creadores afirman que Ikimilikiliklik Vol.2 no ha sido diseñado para aportar respuestas, sino para suscitar preguntas. La clave, según Salvador, radica en crear algo serio, sincero y coherente, que sea emocionante e interesante para el espectador en el momento presente. Así, cada asistente podrá interpretar la obra a su manera: como un viaje al pasado o como una propuesta para el futuro.
Desde Loraldia, afirman que han cumplido su objetivo de generar una creación innovadora que ha dejado una huella en la audiencia. Después de 50 años, Ikimilikiliklik continúa siendo un diálogo en constante evolución, extendiéndose como un hilo entre los extremos del tiempo y planteando preguntas que nunca cesan.

























































































