El Gobierno Vasco ha concedido la clasificación de tercer grado a dos presos de la banda terrorista ETA, una decisión que ha suscitado críticas por parte del Colectivo de Víctimas del Terrorismo (Covite). Esta información ha sido confirmada por fuentes del ejecutivo dirigido por el lehendakari Imanol Pradales. Los reclusos beneficiados son Juan Carlos Iglesias Chouzas, conocido como ‘Gadafi’, y Eneko Gogeaskoetxea, ambos con un historial delictivo significativo.
‘Gadafi’ ha sido mencionado por su implicación en crímenes graves, incluyendo el asesinato del niño Fabio Moreno en 1991. Este crimen fue perpetrado utilizando una bomba lapa que colocó en el vehículo del padre del menor, un guardia civil. Además, ‘Gadafi’ ha sido responsable de al menos 20 asesinatos, lo que le ha llevado a acumular condenas que superan los mil años de prisión. Su detención ocurrió en el año 2000 tras haber estado fugado durante 15 años. El modus operandi de este individuo ha sido notablemente violento, como se evidenció en el asesinato del sargento de la Benemérita Pedro Carbonero.
Por otro lado, Eneko Gogeaskoetxea es considerado uno de los máximos responsables del aparato militar y logístico de ETA. Fue condenado a un total de 363 años y 15 días de prisión por diversos delitos, incluyendo el intento de asesinato al rey Juan Carlos I en 1997, un atentado que tuvo lugar durante la inauguración del Museo Guggenheim en Bilbao y que resultó en la muerte del ertzaina Txema Aguirre.
Las decisiones sobre el régimen penitenciario de estos individuos han generado un debate en la sociedad vasca. Mientras que algunos consideran que estas medidas son parte de un proceso de reintegración, otros cuestionan la legitimidad de permitir a estos criminales acercarse a un estado de libertad condicional. La situación es especialmente delicada dado el historial de violencia asociado con ambos reclusos y la percepción de muchas víctimas que aún viven con el dolor de los crímenes cometidos.
La hija de ‘Gadafi’, Olatz Iglesias, está active en colectivos como Sare y Etxerat, los cuales abogan por la reinserción de los presos de ETA. En junio del año anterior, participó en un evento en el Parlamento Europeo donde se abordaron temas sobre la represión y resistencia de los presos políticos. Este contexto añade una capa adicional de complejidad a las decisiones del Gobierno Vasco, ya que estas no solo afectan a los condenados, sino también a las víctimas y sus familias.
El debate sobre el tratamiento de los presos de ETA y su progresión en el sistema penitenciario sigue siendo un tema candente. La concesión del tercer grado a individuos con un pasado tan violento resuena en la memoria colectiva de aquellos afectados por el terrorismo. A medida que las instituciones vascas continúan lidiando con este legado, la cuestión de cómo se manejan estos casos seguirá siendo objeto de escrutinio y crítica.
Este tipo de decisiones pone en evidencia las tensiones existentes entre la política de reinserción y la necesidad de justicia y reconocimiento por parte de las víctimas. El Gobierno Vasco deberá considerar cuidadosamente el impacto social y emocional de sus acciones en un contexto donde el recuerdo de la violencia aún está presente.































































































