El Gobierno Vasco se encuentra en una etapa crucial tras la reelección de Iñigo Urkullu como presidente del PNV en enero. Este evento marca el inicio de un proceso interno que culminará con la elección del próximo lehendakari, un objetivo fundamental para los nacionalistas vascos, ya que la recuperación del Gobierno vasco ha sido una prioridad desde 2009.
Ayer, la atención se centró en la reciente renovación de las ejecutivas territoriales, y se espera que el primer encuentro de la nueva dirección del partido tenga lugar mañana en Sabin Etxea. Durante este encuentro, se discutirá el procedimiento para la designación del candidato a lehendakari, lo que representa un paso significativo en la estrategia electoral del PNV.
El partido, bajo el liderazgo de Andoni Ortuzar en Bizkaia y Joseba Egibar en Gipuzkoa, enfrenta la necesidad de seleccionar a una figura que no solo cuente con respaldo interno, sino que también tenga reconocimiento y relevancia en el ámbito político. Esto se vuelve crucial en un contexto donde las encuestas sugieren que el PNV podría recuperar una ligera mayoría en las próximas elecciones, aunque en un panorama complejo, con una distribución de fuerzas que incluye a abertzales, socialistas y populares.
La figura de Urkullu se perfila como el principal candidato, a pesar de las dificultades que presenta la normativa interna del partido, que evita que un líder orgánico ejerza al mismo tiempo funciones institucionales. Esta bicefalia, arraigada en la tradición del PNV, introduce incertidumbre sobre el futuro liderazgo del partido, ya que su designación podría dejar al partido sin un líder claro, obligando a reiniciar el proceso de elección de su presidente.
Las dinámicas internas han sido objeto de discusión en las últimas semanas, aunque han permanecido en un segundo plano hasta finalizar la renovación de la ejecutiva. Solo dos de los catorce miembros de la dirección nacional son considerados parte del sector crítico, lo que parece favorecer la continuidad de Urkullu. Este ha sabido rodearse de un equipo de confianza, lo que le otorga un control significativo sobre la dirección del partido, permitiéndole minimizar discrepancias internas.
A pesar de que no hay una fecha establecida para la elección del candidato, se espera que el perfil de quien asuma esta responsabilidad sea potente tanto en términos de poder interno como de influencia externa. De hecho, Urkullu ha demostrado ser un líder eficaz, capaz de lidiar con las disputas internas y proyectar una imagen de unidad. La dirección del PNV está especialmente centrada en evitar errores estratégicos que puedan comprometer su desempeño electoral.
El partido, que ya ha vivido momentos de retroceso institucional, se enfrenta a un horizonte incierto. Las encuestas presentan un panorama donde el PNV podría ser la lista más votada, pero esto requeriría de pactos para formar gobierno. En este sentido, el objetivo primordial del PNV es establecerse como la lista con mayor respaldo en las urnas, consolidando su posición en el marco político vasco.
En este contexto, el PNV debe ser cauteloso y riguroso en la elección de su candidato a lehendakari. La presión es alta y la historia reciente del partido muestra que deben actuar con precisión si desean recuperar el Gobierno vasco. La relevancia del próximo líder y su capacidad para atraer el apoyo ciudadano son determinantes para lograr este ambicioso objetivo electoral.






























































































