El pasado 3 de marzo, Vitoria se convirtió en escenario de una emotiva manifestación que recordó a los cinco obreros asesinados en 1976 durante el desalojo de una asamblea en la iglesia de San Francisco de Asís. Este evento, convocado por la asociación de víctimas Martxoak 3 y varios sindicatos, reunió a miles de personas que no han olvidado la trágica historia. Esta movilización de representantes de la sociedad alavesa coincide con el 50 aniversario de la masacre y destaca la persistente lucha por la justicia y la memoria.
La marcha se inició en la Catedral Nueva, lugar donde se celebraron los funerales de tres de las víctimas el 5 de marzo de 1976. Los manifestantes portaron una pancarta con el lema “Contra la impunidad, justicia, verdad y reparación”, reafirmando su compromiso por recordar a los que perdieron la vida, así como la necesidad de esclarecer los hechos y juzgar a los responsables. Durante el acto, se escucharon palabras de homenaje a las víctimas, en especial la de Jesús Fernández Naves, un líder de las huelgas de aquel entonces, quien dijo: “Estos muertos son nuestros, son de todo el pueblo de Vitoria”.
En una jornada repleta de simbolismo, la iglesia de San Francisco de Asís, reconocida como lugar de memoria por el Gobierno Vasco, acogió ofrendas florales en honor a los obreros caídos. Entre los presentes se encontraban líderes sindicales como Unai Sordo y Pepe Álvarez, quienes pidieron la “desclasificación” de la información relacionada con los eventos del 3 de marzo, similar a lo que se ha realizado con otros episodios históricos en España. El lehendakari Imanol Pradales, presente en el acto institucional, destacó la necesidad de esclarecer lo que sucedió y de evitar la revictimización de quienes sufrieron aquella jornada de violencia.
Los actos de conmemoración no solo incluyeron manifestaciones, sino también un espacio de recuerdo anónimo donde los vecinos de Vitoria se acercaron a rendir homenaje a los obreros asesinados. La emoción se hacía palpable entre los asistentes, quienes compartieron sus recuerdos de aquellos días. José María Quirce, un testigo presencial, recordó el miedo y la violencia desatada por las fuerzas del orden, mientras que otros participantes también expresaron su dolor por la falta de justicia tras tantos años.
El 3 de marzo de 1976, Vitoria estaba marcada por un clima de movilización social, donde miles de trabajadores se reunieron para reclamar mejoras laborales. Sin embargo, la represión del régimen franquista continuaba activa. La asamblea de trabajadores se convirtió en un punto de choque con la policía, que recibió órdenes de desalojar el templo a toda costa. La respuesta policial fue brutal, como atestiguan los testimonios de quienes vivieron la tragedia, que relatan disparos y escenas de caos.
A pesar de que han pasado cinco décadas, el recuerdo de aquellos que perdieron la vida sigue vivo, y la asociación de víctimas Martxoak 3 continúa luchando por justicia. La justicia militar había cerrado el caso en 1977, pero este episodio de la historia sigue generando demandas de verdad y reparación. Agustín Plaza, uno de los sobrevivientes, recordó cómo escapó de la iglesia mientras la policía agredía a quienes trataban de salir. Su historia es uno de los muchos relatos que componen un complejo mosaico de dolor y resistencia.
A día de hoy, 31 víctimas han recibido un reconocimiento y reparación personal del Gobierno Vasco a través de la Ley de Memoria Democrática, aunque muchos consideran que aún queda mucho por hacer. La asociación solicita un reconocimiento oficial de la responsabilidad del Estado en estos hechos, similar al que se dio en otros contextos históricos. Según Andoni Txasko, uno de los fundadores de la asociación, “falta asumir responsabilidades” y la memoria de lo ocurrido debe servir para que no se repita la historia.
La conmemoración del 3 de marzo no solo es un recordatorio de la lucha por los derechos laborales, sino también un símbolo de la resistencia frente a la injusticia. Los actos de este año han subrayado que, aunque el tiempo ha pasado, el compromiso de la sociedad por recuperar la memoria histórica sigue vigente. La búsqueda de justicia continúa, y muchos se preguntan qué pasos se darán a futuro para cerrar una herida que aún no ha sanado por completo.
































































































