El lehendakari Iñigo Urkullu ha expresado su rechazo a la propuesta de separar el área de Víctimas, actualmente liderada por Txema Urkijo, de la secretaría de Paz y Convivencia, bajo la dirección de Jonan Fernández. Esta sugerencia, realizada hace varios meses, tenía como objetivo eludir la incompatibilidad que existía entre ambos. En estos momentos, el Gobierno Vasco busca que la controversia generada por la destitución de Urkijo se apacigüe, a la par que se han recibido críticas por parte de varios grupos de víctimas, que no pertenecen al sector más radical del colectivo.
Urkullu ha apostado claramente por que el área de Paz y Convivencia funcione como un equipo cohesionado. Esto refleja su visión sobre cómo abordar un futuro sin violencia en Euskadi desde el inicio de su mandato. Para ello, depositó su confianza en Jonan Fernández, aunque su gestión ha suscitado reticencias tanto en el Ministerio del Interior como entre algunas víctimas y en buena parte de los partidos políticos, excepto el PNV. Pese a las dificultades, el lehendakari ha mantenido su apoyo a Fernández, incluso ante la difícil convivencia que se planteaba en el departamento.
Urkijo, por su parte, había manifestado su deseo de seguir estableciendo un diálogo con las víctimas, con el fin de evitar un choque directo con Fernández y su estilo de gestión. Se había comprometido a continuar con su plan de acción, pero su solicitud de mantener ese enfoque fue ignorada, culminando en su destitución. Así, se invalidan las críticas efectuadas por el portavoz del PNV, Joseba Egibar, quien había sugerido que Urkijo debería haber renunciado antes si no veía gestos de apoyo por parte del Gobierno Vasco.
La renuncia de Urkijo deja un vacío en el área de atención a víctimas, un aspecto que consideraba crucial. Este hecho también coincide con una mayor atención del departamento hacia otros asuntos, como la política penitenciaria. Dada la confusión generada por esta situación, Urkullu se ha visto obligado a comparecer públicamente para abordar el tema, que reviste una gran sensibilidad tanto dentro como fuera del País Vasco. En su intervención, reafirmó su compromiso con las víctimas y calificó de “injustas” algunas críticas dirigidas a Urkijo, con quien siempre mantuvo una relación cordial.
Actualmente, el Gobierno Vasco se encuentra en la tarea de definir el perfil del sucesor de Urkijo, quien deberá tener una buena sintonía con Jonan Fernández, que se ha visto afectado por esta polémica. Las críticas de Urkijo, que se refería a un “ostracismo” en el departamento debido a la actitud “personalista” de Fernández, complican la búsqueda de un candidato idóneo. “El nuevo responsable deberá ser dócil y aceptar todas las decisiones de Jonan”, apuntó una fuente cercana al área.
Este escenario plantea desafíos significativos para la interlocución del Gobierno con Madrid y las víctimas. Si el nuevo nombramiento refleja una influencia considerable de Fernández, podría dificultar aún más la comunicación. Como evidencia de esta tensión, se encuentra el comunicado de los grupos de víctimas, quienes expresaron su malestar por la destitución de Urkijo, resaltando su labor durante su gestión.
A pesar de la controversia, desde el Gobierno Vasco se señala que Jonan Fernández también cuenta con “buenas relaciones” con víctimas del terrorismo, incluyendo a familiares de figuras como Ernest Lluch. Sin embargo, la reacción de muchos firmantes del comunicado reciente ha sido significativa, dado que provienen de sectores moderados, alejados de organizaciones más intransigentes. Por tanto, la designación del nuevo responsable de Víctimas se prevé complicada, con un escrutinio exhaustivo por parte de partidos, víctimas y el propio Gobierno central.


























































































