El lehendakari Iñigo Urkullu llevó a cabo su jura de cargo en la Casa de Juntas de Gernika, un acto que estuvo marcado por la solemnidad y un profundo simbolismo. Este ceremonial, que se desarrolló en un ambiente sereno, fue el momento en que Urkullu tomó las riendas de un Gobierno Vasco que busca recuperar la esencia nacionalista del país. En un contexto donde la historia juega un papel crucial, el nuevo lehendakari se mostró visiblemente emocionado al asumir su responsabilidad.
La ceremonia, que tuvo lugar en una mañana soleada de otoño, no estuvo exenta de incidentes menores, como los abucheos dirigidos al ministro de Hacienda por parte de seguidores de la izquierda abertzale. A pesar de estos momentos de tensión, Urkullu optó por infundir su propio estilo a la jura, diferenciándose de otros lehendakaris. En su discurso, cambió la tradicional expresión «ante Dios humillado» por «humildemente ante Dios y la sociedad», reflejando un enfoque más contemporáneo y accesible.
Urkullu, al igual que su predecesor, también incluyó referencias históricas en su jura, utilizando el Estatuto de Gernika y el Fuero Viejo de Bizkaia como parte de su compromiso. «Cumpliré fielmente su mandato», declaró, subrayando su intención de gobernar con determinación y humildad. Tras la jura, se produjo un emotivo momento junto al Árbol de Gernika, donde el himno de Euskadi, «Gora ta Gora», resonó en el ambiente, interpretado por la banda de la Ertzaintza.
Una de las novedades de esta ceremonia fue el aurresku de honor, que fue bailado por tres dantzaris, en lugar de uno solo, como es habitual. Este gesto, que alude a la cultura vasca, se alinea con la estrategia de Urkullu de acercar su Gobierno a las raíces y tradiciones del pueblo vasco. Fue un acto que buscó no solo reivindicar el simbolismo de su cargo, sino también establecer una conexión emocional con los ciudadanos.
En un gesto simbólico, el ex lehendakari Patxi López entregó a Urkullu la makila, un bastón que representa el poder y la autoridad, en un acto que fue recibido con aplausos por algunos, aunque no por todos los presentes. La izquierda abertzale, representada por figuras como Pello Urizar y Oskar Matute, mostró su disconformidad al no aplaudir, recordando la polarización política que a menudo caracteriza el panorama vasco.
Urkullu, después de la ceremonia, optó por realizar la tradicional primera fotografía como lehendakari en un espacio emblemático, el templete que alberga el roble antiguo de Gernika. Esta elección refuerza el simbolismo de su mandato y su conexión con la historia. En este contexto, las imágenes tomadas con López, junto a otros ex lehendakaris nacionalistas, sirven para consolidar su posición ante un futuro que, aunque incierto, busca siempre alinearse con el legado vasco.
El nuevo lehendakari se enfrenta a diversos retos, desde la gestión del gobierno hasta el fortalecimiento de la identidad vasca en un contexto geopolítico cambiante. Este acto de jura no solo es un hito en su carrera política, sino que también establece la dirección que tomará su administración. La mirada puesta en la «Euskadi de progreso en paz y libertad» es un objetivo que resonará durante su mandato, esperando así conectar con una ciudadanía que anhela estabilidad y desarrollo.
Con este inicio, Urkullu se embarca en un viaje que requerirá no solo liderazgo, sino también una capacidad de diálogo con todos los sectores de la sociedad vasca. Su compromiso será clave en los próximos años, en un contexto donde la historia y la tradición son fundamentales para definir el futuro de Euskadi.





























































































