El director de Gogora, Alberto Alonso, ha anunciado una exposición que se llevará a cabo el próximo curso, centrada en el atentado ocurrido en septiembre de 1985 en el hotel Monbar de Bayona, Francia. Este suceso, que se considera la mayor matanza perpetrada por los GAL (Grupos Antiterroristas de Liberación), resultó en la muerte de cuatro individuos vinculados a ETA. Alonso destacó que, aunque las víctimas del terrorismo de ETA han sido reconocidas social e institucionalmente desde su desaparición hace 13 años, no sucede lo mismo con las víctimas de la guerra sucia y la violencia policial ilegal, las cuales requieren un mayor reconocimiento.
La exposición sobre el atentado de Monbar será seguida de otra que abordará la emboscada policial en el puerto de Pasaia en marzo de 1984, donde cuatro miembros de los Comandos Autónomos Anticapitalistas fueron asesinados. Ambos eventos cuentan con sentencias judiciales condenatorias para sus autores y son fundamentales para entender el contexto de la violencia en España durante aquellos años.
Esta iniciativa de Gogora surge en el marco de un seminario organizado por la Fundación Fernando Buesa y el Instituto de Historia Social Valentín de Foronda, donde historiadores y expertos han discutido sobre las herencias del franquismo y el terrorismo. La conclusión del seminario subrayó la injusticia en el tratamiento de las víctimas, afirmando que no todas han recibido el mismo reconocimiento. Alonso enfatizó que es crucial integrar a estas víctimas en el discurso social para fomentar la convivencia.
Los coordinadores del seminario, Antonio Rivera y Eduardo Mateo, han indicado que durante la actividad mortífera de ETA era complicado abordar el sufrimiento de las víctimas de la violencia policial. La violencia de ETA, que dejó un saldo de 853 muertes entre 1968 y 2010, y la de la ultraderecha, que causó 62 muertes entre 1976 y 1982, crean una situación compleja en la que muchas víctimas quedan en un segundo plano.
El informe publicado en 2023 por el Gobierno Vasco calificó la matanza en el puerto de Pasaia como una «ejecución extrajudicial» y resalta que, aunque la comisión de valoración de víctimas reconoció a los cuatro asesinados, su pertenencia a una organización terrorista complica su homenaje y reconocimiento como víctimas del terrorismo.
La violencia ejercida por los GAL dejó un total de 27 asesinatos entre 1983 y 1987, siendo la gran mayoría de las víctimas ajenas a ETA. En el caso del atentado del Monbar, las víctimas eran, al mismo tiempo, considerados victimarios, lo que genera tensiones en el discurso político actual. Este hecho ha sido comentado por Alonso, quien sostiene que el reconocimiento de estas víctimas no menoscaba el reconocimiento de las víctimas de ETA.
El Gobierno Vasco se enfrenta a la polarización política en España, que dificulta el reconocimiento equitativo de todas las víctimas. Mientras que algunos partidos presionan para que se reconozca a las víctimas del franquismo, otros se centran en las de ETA. Alonso y San José, consejera de Justicia y Derechos Humanos, coinciden en que el objetivo debe ser reconocer a todas las víctimas de proyectos totalitarios, ya que «ningún asesinato justifica otro asesinato».
La memoria histórica y el reconocimiento de todas las víctimas son esenciales para avanzar hacia una sociedad más justa y digna. La exposición sobre el atentado en el hotel Monbar no solo busca recordar a las víctimas, sino también contribuir a un ejercicio de justicia restaurativa que promueva la verdad y la memoria, alineándose con los principios de justicia que defiende la ONU.
Con la puesta en marcha de estas exposiciones, el Gobierno Vasco busca cerrar heridas del pasado y fomentar una convivencia pacífica. Alonso concluyó que el reconocimiento de las víctimas de la guerra sucia y del terrorismo ultra es una tarea que no debería ser vista como una competición entre las distintas víctimas, sino como un paso necesario hacia la reconciliación social.





























































































