El conflicto entre el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en torno a la política de vivienda, ha generado tensiones significativas en la coalición entre el PSOE y Sumar. Esta situación se había estado gestando durante varios días, aunque las negociaciones habían transcurrido a través de intermediarios y no de manera directa entre los líderes. La mañana del viernes fue especialmente intensa, marcada por la presencia de María Jesús Montero, quien actuó como negociadora principal de Sánchez, mientras que Félix Bolaños se encontraba en Roma en una audiencia con el Papa.
A pesar de los esfuerzos de Montero, la comunicación con Sumar, representado por Ernest Urtasun, no estaba avanzando. La noche anterior, Bolaños había estado en contacto con varios grupos, incluidos los de Sumar, tratando de acercar posturas, pero en el momento crucial no estaba disponible en La Moncloa. La situación se tornó aún más tensa cuando los ministros de Sumar decidieron alejarse de la sala habitual de reuniones, un gesto que reflejaba la creciente desconfianza y desconexión entre las partes.
Los socialistas estaban con Sánchez en una sala contigua, mientras que los ministros de Sumar se refugiaron en un espacio cercano, rodeados de fotografías de expresidentes. Este distanciamiento ya era un indicador de la crisis que se avecinaba. La negativa del PSOE a incluir en el decreto medidas de prórroga de contratos de alquiler, algo que Sumar consideraba imprescindible, complicaba aún más la situación. La coalición temía que la falta de acuerdo podría llevar a una ruptura y a la convocatoria de elecciones anticipadas, un escenario que ambos lados deseaban evitar a toda costa.
Las negociaciones se reanudaron con Urtasun y Montero intentando buscar un consenso, pero las diferencias persistían. Al ver que no se lograba avanzar, Sánchez decidió involucrarse directamente y se acercó a la sala de los ministros de Sumar. La presión era palpable, y el presidente enfatizó la importancia de aprobar el plan en discusión, advirtiendo que negarse a entrar en el Consejo de Ministros podría significar el fin de la coalición. “Hay que aprobar este plan sí o sí”, insistió Sánchez, dejando claro que la situación era crítica.
La respuesta de Díaz fue firme: no estaban dispuestos a salir de la reunión sin una solución para los problemas de vivienda. “No podemos salir de este consejo sin una medida de vivienda, sin la prórroga de los contratos”, argumentó. A medida que la negociación avanzaba, Sánchez propuso dejar para más adelante el tema de la congelación de alquileres, una medida rechazada por varios grupos, incluidos Junts y el PNV, y que el PSOE había calificado de inconstitucional en el pasado.
Finalmente, tras un largo tira y afloja, se propuso una solución alternativa: crear dos decretos, uno que incluyera medidas de control de beneficios empresariales y otro específico para vivienda. Esta estrategia, aunque compleja, parecía ser un camino hacia un posible acuerdo. Sin embargo, Sumar exigió que el segundo decreto no se convalidara de inmediato, lo que permitiría tiempo para implementar medidas que evitaran aumentos excesivos en los alquileres en medio del conflicto internacional.
Con el tiempo corriendo en su contra, y después de intensas discusiones, se alcanzó un consenso. A pesar de que la sesión del Consejo de Ministros comenzó sin un acuerdo formal, las negociaciones continuaron en segundo plano. Los ministros socialistas, ajenos a la tensión, recibieron finalmente la instrucción de participar, y la reunión se desarrolló sin que pareciera que había ocurrido una crisis interna.
Posteriormente, Sánchez minimizó la situación, destacando que, a pesar de las dificultades, ambos sectores habían logrado avances y que la coalición podría salir fortalecida. “Bienvenidos a la política del siglo XXI”, concluyó, aludiendo a la necesidad de adaptarse a un entorno político cambiante. Sumar, por su parte, consideró un logro haber conseguido un decreto de vivienda que había sido visto como improbable hace poco tiempo, aunque su estabilidad a largo plazo seguía en el aire.































































































