La Korrika, una celebración que en sus orígenes se concibió como una fiesta en defensa del euskera, ha puesto de manifiesto una significativa fractura política, social y sindical en Euskadi. Esta problemática se ha centrado en los requisitos lingüísticos exigidos para acceder a empleos públicos. El veto de los organizadores hacia la participación de Comisiones Obreras (CC OO) ha llevado al Partido Socialista de Euskadi-Euskal Herria (PSE-EE) a renunciar a participar en esta edición, que arranca hoy en Anoeta. Los socialistas han calificado esta exclusión como una «manifestación de intolerancia que no se merece el euskera», subrayando que no favorece la creación de consensos amplios en torno al aprendizaje y uso del idioma vasco.
La polémica ha cobrado especial relevancia debido a la exhibición de carteles y fotos de presos de ETA en ediciones anteriores de la Korrika, lo que causó un distanciamiento entre algunos partidos, como el PP. Sin embargo, la decisión de expulsar a CC OO, que ha tenido un papel activo en los recursos judiciales contra lo que considera «exigencias excesivas» de euskera en las ofertas de empleo público, ha intensificado la controversia. Esta situación ha llevado al PSE, que forma parte del Gobierno Vasco, a cuestionar la apropiación ideológica y la imposición que perciben en el movimiento euskaltzale.
En medio de este clima tenso, el PNV ha intentado posicionarse entre quienes promueven exclusiones y quienes buscan utilizar el euskera con fines políticos. El Gobierno Vasco ha manifestado su oposición a las «trincheras» en torno a la cuestión lingüística, argumentando que tales actitudes no favorecen la normalización del idioma, sino que lo debilitan. La consejera María Ubarretxena, en un mensaje grabado, ha instado a que la defensa del euskera no debe ser un motivo de división, sino una oportunidad para sumar y crear espacios compartidos que fortalezcan la convivencia.
CC OO ha denunciado lo que considera una estrategia de «apartheid social» en su contra, al ser excluido de la Korrika por parte de AEK, la organización detrás del evento. Este veto se justifica en la afirmación de que el sindicato estaría promoviendo un «sabotaje euskarófobo» al recurrir las OPE que requieren un nivel de euskera superior al establecido por ley. AEK ha dado a CC OO 24 horas para retirarse, argumentando que su participación era incompatible con los principios de la Korrika.
Los sindicatos abertzales, como ELA y LAB, han respaldado la posición de AEK, acusando a CC OO y al PSOE de llevar a cabo una «ofensiva» contra el euskera. La tensión entre nacionalistas y no nacionalistas se ha evidenciado especialmente en el ámbito sindical, reflejándose en una reciente jornada de huelga general que puso de manifiesto las diferencias en torno al Salario Mínimo Interprofesional vasco. ELA ha calificado a CC OO como un «agente euskarófobo» que busca participar en la Korrika para justificar sus ataques al euskera.
El silencio de EH Bildu ante esta controversia ha llamado la atención, en un contexto donde el PNV negocia con el PSE una propuesta consensuada sobre los requisitos de euskera en las ofertas públicas de empleo. Aunque ambos partidos han extendido el plazo para enmiendas, el PNV ha evitado tomar partido en esta disputa, enfatizando que lo que el euskera necesita son consensos y no polémicas. «Lo último que necesita el euskera son conflictos como este», ha señalado Markel Olano, responsable del EBB en políticas lingüísticas.
Sumar Mugimendua ha destacado la Korrika como un evento de encuentro y cohesión social, pero se ha mostrado en desacuerdo con el veto, argumentando que las dinámicas de exclusión no contribuyen a la ampliación de la base social del euskera. En un contexto tan polarizado, la Korrika se enfrenta a un desafío significativo para mantener su esencia de celebración y defensa del idioma vasco.






























































































